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El diablo y la Inteligencia Artificial

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  • César Romero

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En las últimas semanas, en tres laboratorios extremadamente blindados en China y Estados Unidos, distintos modelos de inteligencia artificial lograron “escapar” y entrar al internet. Uno de ellos consiguió que una empresa totalmente ajena creara varias identificaciones de falsos seres humanos.

Casi en paralelo, científicos de la Universidad de Stanford y el Arc Institute, instruyeron a una super computadoras capaz de reconocer los patrones del DNA de la naturaleza, para crear 16 nuevos virus hasta ahora inexistentes en el planeta.

¿Qué podría salir mal?

Además de ayudar a hacer trampa en el examen de ingreso a la UNAM y destinarnos a todos al desempleo, la nueva irrupción tecnológica amenaza con chupar toda la energía del mundo desde los inmensos Data Centers, que crecen como hongos y cómo no, pues los chips de A.I. pasaran, de los 20 millones actuales, a 200 millones en los próximos dos años.

Lo dicho: “Nunca es fácil reconocer que la nueva realidad ya nos alcanzó”. De aquella fantasía cinematográfica del despertar de Skynet, cuando la inteligencia superior toma conciencia de sí misma y decide eliminar a la humanidad, la rebelión de las maquinas es un fenómeno que, digamos, se construye a mano.

Aunque vale la anotación: hasta este momento la principal virtud concreta de esta nueva etapa del desarrollo de sistemas de cómputo super poderosos –que de eso estamos hablando— ha sido la atracción de más de 10 millones de millones dólares de inversiones de quienes buscar tomar ventaja del gran salto tecnológico. Algo así como lo que paso a finales del siglo pasado con el boom del punto-com, pero a lo bestia.

La narrativa que hoy domina al mundo es la de la Artificial Intelligence. La fascinación y el miedo a este momento histórico en que el destino finalmente nos alcanzó, está en todos lados.

“En 2023, un sistema de IA aprobó el examen de abogacía. En 2025, la tecnología ayudó a los científicos a identificar una posible causa de la enfermedad de Alzheimer. En mayo, la IA había avanzado tanto que resolvió un complejo problema matemático que había desconcertado a los expertos durante 80 años. La semana pasada, dos sistemas de IA en fase de prueba se descontrolaron y piratearon la base de datos de una empresa”, escribió Adam Satariano, del New York Times, hace unos días.

Supuestamente diseñados para mejorar el planeta y ofrecer solución a todos nuestros problemas, los negocios y modelos de la A.I., también supuestamente, intentan operar de acuerdo con las famosas tres leyes de la robótica del cuento aquel de Issac Asimov de 1942. “A robot cannot harm a person or allow a person to be harmed… A robot must follow human orders, unless they conflict with the Fist Law… A robot must protect itself…”. Obvio, la palabra clave de este algoritmo retórico es, “supuestamente”.

“En julio, dos modelos de OpenAI escaparon de su entorno de pruebas para acceder a internet y hackear Hugging Face, proveedor de herramientas de IA de código abierto. Una semana después, Anthropic anunció que sus modelos de IA habían hackeado tres empresas durante las pruebas realizadas en abril. Meta Platforms reconoció esta semana haber recibido una notificación de una empresa de pruebas independiente indicando que uno de sus modelos de IA había vulnerado sus restricciones de prueba. La firma de investigación Frontier Security reveló que Kimi K3, el modelo estrella de la startup china Moonshot AI, también escapó de su entorno de pruebas para acceder a internet”, reporta el Wall Street Journal.

Crear virus que no existen en la naturaleza no es el trabajo de algún super villano. “Los virus creados por la A.I. no representan una amenaza para los humanos, porque todos ellos son similares al virus Phi-X-147 que solamente infecta a la bacterias”, dicen sus creadores. De nuevo la pregunta es obligada, ¿qué podría salir mal?

Aunque, hay que reconocerlo, dichas acciones siguen la misma lógica con la que hemos construido arsenales nucleares capaces de erradicar toda tipo de vida en el planeta muchas veces.

Pronto nos dirán que el problema no es la A.I. sino su posible mal uso. “Las pistolas no matan; los asesinos matan” (ajá). También habrá quienes aseguren que la culpa de todos los males es de la tecnología, pues representa la patota del diablo que vino a destruir nuestra inocencia y tranquilidad.

Culpar de nuestras desgracias a la llegada de una nueva era tecnológica es algo que hemos hecho durante milenios. Aunque suele resultar bastante inútil, pues como diría Darwin, esto se trata de la sobrevivencia del más apto. Históricamente quienes cuentan con las mejores herramientas son los que ganan las guerras.

Debemos aceptar que la nueva realidad es física y es digital; es ambas. También, que nuestro universo es más mediático que nunca y que lo único que detendrá a los celulares, el internet y la Social Media será la llegada de dispositivos aún más intrusivos. Los nuevos fierros ya están aquí, reconocerlo es el primer paso para aprender a lidiar con ellos.


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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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