Manuela del Carmen Obrador Narváez es prima del ex presidente Andrés Manuel López Obrador.
Tal descriptor sería suficiente para considerar seriamente todo lo que ella diga públicamente por el gran nepotismo imperante en Morena… no, perdón, por el gran peso que le dio AMLO a su familia.
Manuela acaba de cumplir 55 años el pasado 12 de junio, es de signo cáncer. Es originaria de Palenque, Chiapas donde nació en 1971. Estudió economía y es fervorosa militante de Morena y lo demuestra cada que puede sin importar que actualmente sea la coordinadora de los apoyos del gobierno federal en Chiapas.
Otra cualidad de Manuela es el timing, su oportunidad para decir las cosas en el peor momento… ah, no, perdón, en el momento en que causarán más impacto.
Apenas en estos días en uno de los recientes mítines de Morena… no, perdón, es una de las “asambleas informativas internas” que hacen en espacios públicos, la también ex diputada despotricó lindo y sabroso. Con lo que dijo muchísimos estamos de acuerdo en casi todo, porque es muy cierto eso de “tirano”, “misógino” y “tipo asqueroso”, pero en la única partecita, pequeñita, en la que no estoy de acuerdo es en la persona a la que se refería.
Porque, siendo serios, ¿quién ha ejercido recientemente el poder en México con marcadísimos desplantes propios de un tirano? ¿Quién en su sexenio fue dinamitando de manera sistemática las instituciones democráticas y republicanas para eliminar sus contrapesos constitucionales?
¿Quién no toleraba el disenso más mínimo ni entre quienes le habían entregado –tontejamente– su vida y su trayectoria para encumbrarlo? ¿Quién condenaba y lanzaba todo el peso del aparato estatal en contra de sus críticos?
Ahora veamos ¿es misógino no permitir a tus colaboradoras tomar sus propias decisiones, sobarlas en público y hasta negarles un abrazo en público como lo hizo López Obrador con Tatiana Clouthier?
Y ¿a quién no le da asco que un político bese en las mejillas o en las comisuras labiales a niñas indefensas sin su aceptación evidente?
Manuela nos sacó mucha risa, no solo porque involuntariamente describió muy bien a su pariente, sino porque denotó que el miedo no anda en burro, sino muy dentro de Palenque.