Política

Del dicho al hecho

En el amplísimo lenguaje popular este dicho hace referencia directa al sentido y esencia del valor de la congruencia, o sea, de lo que una persona dice, declara o se compromete, está en duda su cumplimiento, en veremos pues. En tanto no se cumpla, el compromiso oscila entre la confianza o desconfianza.

Es entonces que “del dicho al hecho” se presenta como el compromiso verbal que se hace, y se resume de forma sencilla: cumple o no cumple.

Mientras se despeja esta incertidumbre, la imaginación hace de quien confía en la palabra ofrecida un prisionero, un ser inactivo que alimenta la esperanza que, en ocasiones, se convierte en una prisión emocional tortuosa por la duda sobre el ofrecimiento, pues en momentos de reflexión se acude a esta prescripción con tal de sentirse seguro, atendido, escuchado... y también respetado.

En la cultura mexicana la palabra tenía un valor supremo, incluso sobre documentos firmados, ofrecer la palabra en un compromiso equivalía a poner en juego el honor y la valía de las personas de bien. Lamentablemente este sentido de compromiso se ha ido deslavando con el paso del tiempo, culturalmente ha sido desplazado por otro tipo de antivalores: la mentira, el engaño y el abuso; y esto tiene un reflejo cultural en todos los niveles de nuestra sociedad, en lo público y privado.

Lo anterior toma especial relevancia en los poderes públicos de cualquier país, ya que la confianza que tengan los ciudadanos en las instituciones de su gobierno contribuye al funcionamiento de la sociedad en un ambiente de satisfacción y confianza, siempre y cuando, quienes son responsables del ejercicio de cualquier poder, respondan con acciones asertivas con los ciudadanos, a los compromisos establecidos, ya sean en campañas políticas o en declaraciones desde la tribuna pública. El servidor público se compromete y el ciudadano escucha... y espera.

Es entonces que, en el impasse de la declaración al cumplimiento del compromiso con el ciudadano, existe la duda transformada en esperanza: ¿cumplirá?

Todo ello viene a colación al ofrecimiento que se hizo público de manera machacona: que gozaríamos de una nueva forma de ejercer el poder en el máximo tribunal de justicia; humildad, respeto y demás valores que enaltecen la condición humana. Ese fue “el dicho”.

No sé a ustedes, pero en mi entorno, mucho de ello develó el “hecho” entre la nata y los zapatos.


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Carolina Monroy
  • Carolina Monroy
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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