En una imagen que reúne a más de 200 aspirantes al premio más importante del cine, hay un punto que inevitablemente atrae la mirada: justo al frente, en medio de la primera fila, aparece Guillermo del Toro.
El realizador mexicano, nominado por Frankenstein en la categoría de mejor película, no quedó relegado a los extremos ni a las gradas superiores. Eestá hasta adelante, en el corazón de la fotografía oficial del tradicional Luncheon de nominados al Oscar, rodeado de algunas de las figuras más comentadas de esta edición.
A su alrededor se distinguen actores y directores de peso, incluidos integrantes del equipo de Sinners, la cinta que encabeza las nominaciones.
Entre ellos, Michael J. Fox, candidato a mejor actor; Ryan Coogler, nominado a mejor director; y Wunmi Mosaku, aspirante a mejor actriz, quienes fueron de los más aplaudidos al subir al escenario.
También compartió cuadro con veteranos de la Academia como Steven Spielberg, Emma Stone y Leonardo DiCaprio, en una postal que mezcla generaciones y estilos.
Más allá de su posición privilegiada, Del Toro destacó por su semblante. Lejos de la rigidez protocolaria que suele dominar estas imágenes, el mexicano aparece relajado, sonriente, con ese aire entre cómplice y juguetón que lo caracteriza en alfombras y ceremonias.
Y fue justo antes de que se disparara la cámara cuando soltó el inesperado “¡Tamales!”, provocando carcajadas entre sus colegas y rompiendo por segundos la solemnidad del momento.
El almuerzo de nominados es una tradición que antecede a la gala del 15 de marzo en Los Ángeles y que deja una fotografía histórica año con año.
Esta vez, además de reunir a los nombres que marcarán la 98ª edición de los premios, dejó una escena clara: Guillermo del Toro no solo está nominado, está en el centro de la conversación.
jk