Política

López Obrador: juventud

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Tenía 23 años de edad cuando se unió a la campaña de Carlos Pellicer, quien buscaba ser electo senador de Tabasco por el PRI. Era 1976. Andrés Manuel López Obrador conocía a Pellicer por ser uno de los que sostenían la vivienda donde residía en la Ciudad de México. Fue su contacto en el PRI. Habría de militar durante 12 años en ese partido. En 1982 ocupó la dirección del Centro de Estudios Políticos, Económicos y Sociales del PRI en Tabasco; en 1983 asumió la presidencia del Comité Directivo Estatal, tras el triunfo de Enrique González Pedrero en la elección para gobernador de Tabasco. González Pedrero le había dado clases en la UNAM. “El PRI era para mí un pacto de revolucionarios, un partido que tenía el deber de actuar siempre en beneficio de las clases más pobres de la sociedad”, diría López Obrador en su libro Tabasco, víctima del fraude electoral. “Consideraba que como partido mayoritario, el PRI tenía que estar en la vanguardia de la reforma política y ser el principal agente modernizador de todo el sistema”. Al encabezar al PRI en Tabasco, en 1983, el presidente del partido era Adolfo Lugo Verduzco y el presidente del país, Miguel de la Madrid. Un dinosaurio antediluviano y un tecnócrata neoliberal. ¿Por qué pensaba que el partido podía y debía ser la vanguardia del cambio justiciero en México? No lo aclara.

López Obrador duró solo seis meses al frente del PRI en Tabasco. Tenía en contra a los presidentes de los municipios, que solicitaron su dimisión ante el gobernador. “González Pedrero se echó para atrás en el compromiso de reformar al PRI”, escribiría más tarde. Pero él mismo, tras volver a la capital del país, permaneció en el partido, donde ingresó como maestro del Instituto de Capacitación Política, el ICAP. Todavía en 1988, cinco años después, a pesar de que estaba ya desgajado el partido con la creación de la Corriente Democrática, López Obrador pensaba todavía en el PRI. Fue a ver al senador Salvador Neme, precandidato del PRI para el gobierno de Tabasco. Le dijo que tenía interés en ser candidato del partido a la presidencia de Macuspana. Neme no quiso. Fue entonces que Graco Ramírez Garrido lo presentó con Cuauhtémoc Cárdenas y Porfirio Muñoz Ledo, quienes lo trataron de convencer de que aceptara la candidatura del Frente Democrático Nacional en Tabasco, justamente contra Neme. “Me vi en la disyuntiva: o seguir en el PRI a pesar de que sabía que ya no representaba los intereses de las mayorías, o salía de él para ser consecuente con mis ideas y contribuir a la lucha de millones de mexicanos para hacer efectiva la democracia”, diría López Obrador.

¿Desde cuándo ese partido no representaba ya los intereses de las mayorías? ¿Desde 1982, al triunfar la candidatura del neoliberalismo con Miguel de la Madrid? ¿O desde la primavera de 1988, cuando Salvador Neme rechazó su solicitud de ser candidato del PRI en Macuspana? No sabemos qué hubiera sido de López Obrador si Neme le hubiera dado la presidencia de Macuspana. Lo cierto es que aceptó la candidatura del FDM en Tabasco, en el verano de 1988. Así empezó la nueva vida de López Obrador. En ella lucharía por refundar lo que conocía, el sistema de partido hegemónico del PRI, pero desde fuera del PRI.

Carlos Tello Díaz

Investigador de la UNAM (Cialc)

ctello@milenio.com


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Carlos Tello Díaz
  • Carlos Tello Díaz
  • Narrador, ensayista y cronista. Estudió Filosofía y Letras en el Balliol College de la Universidad de Oxford, y Relaciones Internacionales en el Trinity College de la Universidad de Cambridge. Ha sido investigador y profesor en las universidades de Cambridge (1998), Harvard (2000) y La Sorbona. Obtuvo el Egerton Prize 1979 y la Medalla Alonso de León al Mérito Histórico. Premio Mazatlán de Literatura 2016 por Porfirio Díaz, su vida y su tiempo / Escribe todos los miércoles jueves su columna Carta de viaje
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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