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Domingo , 24.03.2019 / 01:29 Hoy

Carta de viaje

Apostar al futuro, no al pasado

Carlos Tello Díaz

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El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente dio a conocer ayer el documento Perspectivas del medio ambiente mundial, en el contexto de la asamblea de la ONU celebrada en Nairobi. El documento resume (aunque le toma 740 páginas) la crisis a la que nos ha llevado nuestro modelo no sostenible de desarrollo, con respecto a seis temas: el cambio climático, la pérdida de biodiversidad, la reducción del agua, la contaminación del aire, la sobrepesca y la inundación de plásticos en los océanos.

“Es necesario adoptar medidas urgentes a una escala sin precedentes para detener y revertir esta situación”, concluye el informe de forma ya protocolaria, tras advertir, desde luego, “que los avances son demasiado lentos para alcanzar las metas, o que incluso progresan en sentido equivocado”.

¿Cuál es la posición de nuestro gobierno con relación a este tema, que es de vida o muerte para la humanidad, aunque así no lo vea la mayoría de la gente?

Durante todas las horas en que el presidente Andrés Manuel López Obrador ha tomado la palabra, a partir de su llegada al poder hace más de tres meses, ha utilizado solo tres veces la palabra ecología. “Del más de medio millón de palabras pronunciadas durante los 100 días de mañaneras, las que tienen que ver con sostenibilidad suponen un 0.007 por ciento”, escribió Jacobo García en un reportaje bien documentado sobre el tema, publicado en El País. “Para muchos ecologistas y defensores del medio ambiente éste es el tamaño de la importancia que esto tiene en su Gobierno”. Nuestro país tiene compromisos firmados ante el mundo para reducir un 22 por ciento de sus emisiones de gases de efecto invernadero. Hacia allá debemos ir. Pero nada apunta en esa dirección. El Presidente ha anunciado la construcción de una refinería en Tabasco (que ha supuesto la destrucción de 300 hectáreas de selva y manglar), una termoeléctrica en Morelos (que es rechazada por los pueblos que viven del río Cuautla), un tren de mil 500 kilómetros en la Península de Yucatán (que pasará por en medio de la Reserva de la Biosfera de Calakmul). Los megaproyectos han sido promovidos por el Presidente sin realizar antes un estudio de su impacto ambiental. Porque no le importa. Su gobierno ha reducido en un 20 por ciento el presupuesto de la Secretaría del Medio Ambiente. Es el mayor recorte de toda la administración pública.

El gobierno ha aumentado las importaciones de carbón y petróleo, y ha dejado claro que no va a destinar un peso a impulsar la generación de energía limpia, eólica o solar. Ha anunciado planes para construir una refinería de 8 mil millones de dólares en Dos Bocas, Tabasco, como parte del esfuerzo de revivir a Pemex. Pero Pemex es ya parte del pasado. Así lo dijo el economista Jeffrey Sachs, de visita en México, donde impulsa un plan de energías renovables con funcionarios del gobierno de López Obrador. “¿Por qué invertir en la industria del siglo XX cuando se puede construir la industria del siglo XXI con increíbles retornos sociales, ambientales y económicos? ¿Por qué construir una refinería que se convertirá en un museo?” México tiene las condiciones climáticas para ser una superpotencia de la energía renovable. ¿Por qué no apostar al futuro?

Investigador de la UNAM (Cialc)
ctello@milenio.com

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