Ayer durante la mañanera, la Presidenta explicó con precisión el que podría significar un enorme problema que se nos viene encima y que a ella y su gobierno, le podría significar otra fractura con una parte de su movimiento. Claudia Sheinbaum enfrenta un complicadísimo dilema.
Tenemos un problema serio para producir la electricidad que el país necesita y que necesitará si quiere inversión y crecimiento. Muy serio.
En buena parte, sí, hay que decirlo, gracias a Manuel Bartlett durante el sexenio pasado.
Pero más allá de buscar culpables –al señor nunca lo castigarán– es hora de tomar decisiones que no serán sencillas para la Presidenta.
Ella lo tiene claro, como lo explicó ayer en la mañanera.
Cito: “Nosotros dependemos, alrededor del 75 por ciento del gas natural que consumimos, de Texas, de Estados Unidos. La generación eléctrica de base, digamos, la que garantiza que estén operando las plantas eléctricas 24 horas del día, además de la hidráulica, son las de gas natural, las de ciclo combinado, esencialmente… El gas, como quiera, tiene menos emisiones que el combustóleo o que el carbón. Ahora, la pregunta es: ¿cómo fortalecemos la soberanía energética? Todos los países tienen que garantizar la soberanía o por lo menos, buscar que la mayor parte de lo que se consume, se produzca en el país”.
Y la Presidenta se preguntó: “Cómo hacemos para mayor soberanía energética?”.
Dijo que “una parte es ampliar las fuentes renovables de energía: la solar, la eólica, la geotérmica y otras”. Pero ese incremento, si todo va bien, “será del 15 al 20 por ciento en la generación eléctrica; pero sigue existiendo el tema de: ¿qué hacemos con el gas?”.
Y entonces habló de fracking, sin decir ese nombre, y habló de un grupo de trabajo de expertos que vea si es factible el gas no convencional con reciclaje de agua, con el uso de otros químicos, con otras formas que no tengan los impactos ambientales que hoy tiene la fractura hidráulica. Todo el gas que importamos de Texas viene de fractura hidráulica”.
Porque como lo dijo: “hay una cosa muy importante y es la soberanía: ¿cómo hacemos para producir más gas en nuestro país al mismo tiempo que aumentamos las fuentes renovables?”
La tecnología del fracking ha cambiado en los últimos años, pero venimos del sexenio anterior en donde la palabra se convirtió en el diablo.
El dilema de la Presidenta no es sencillo, pero una cosa está clara, sin gas, nos quedamos sin luz pronto. Sin fracking, lo de la soberanía será solo un dicho.