Ayer en la mañanera le preguntaron a la presidenta Claudia Sheinbaum por un reportaje de The New York Times del sábado que revelaba que en manos de cárteles mexicanos se han encontrado municiones de un calibre en principio, reservado para el ejército —estadunidense o de otras partes del mundo—. Estas municiones vienen en su mayoría de una planta en particular en Lake City (así están marcadas).
—¿No le parece a usted, entonces, que hay un esfuerzo limitado o acciones muy pocas con lo que ha dicho Estados Unidos del control de armas?
—Estamos revisando este reporte. Salió en el New York Times, ayer creo, o antier, no sé, el sábado. Estamos revisando el reporte para poder hablar con el gobierno de Estados Unidos sobre este tema y ver cómo es posible que estas armas, que son de uso exclusivo del Ejército de Estados Unidos, estén entrando a México.
El reportaje de The New York Times menciona a México como muestra del descontrol que hay dentro de Estados Unidos con relación a esas potentes municiones desde hace un par de décadas. Ese es el centro del reportaje: cómo una productora, proveedora del ejército estadunidense (y mexicano) las vende también a distribuidores y comerciantes privados, aprovechándose de las confusas y contradictorias regulaciones sobre armas que hay en aquel país.
Y sí, cómo esto ha sido aprovechado por esos distribuidores vendiendo a mexicanos: “Desde 2012, la Oficina de Alcohol, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos de EU ha incautado más de 40 mil 370 cartuchos de calibre .50 en estados fronterizos con México, según datos obtenidos a través de solicitudes de acceso a registros públicos. El producto de Lake City representaba aproximadamente un tercio de ellos, una proporción mayor que cualquier otro fabricante. Aunque la munición calibre .50 de otras compañías —ubicadas principalmente en Brasil y Corea del Sur— también ha llegado a los cárteles mexicanos, los datos dejan claro que la planta del Ejército estadunidense ha sido una fuente principal de la munición destructiva utilizada para librar batallas de estilo militar contra las autoridades mexicanas”.
Como escribí aquí la semana pasada, la Presidenta puede seguir preguntando pero pocas respuestas tendrá, menos con Trump y MAGA en el poder.
Es hora de hacer algo aquí: en las omisiones o complicidades en nuestras aduanas y nuestras fiscalías. Para empezar.
Si no, esas balas seguirán matando mexicanos. Miles.