Tan contento que estaba Marcelo Ebrard.
El protagonista de las mañaneras la semana pasada cuando todo iba bien, coordinador de un nuevo grupo con subsecretarios de todas las dependencias, medio jefe hasta de 6 mil elementos de la Guardia Nacional, se había quitado de encima al jefe del Instituto Nacional de Migración, viento en popa. Figurón el Marcelo.
Hasta que no.
Como viene haciendo hace tanto tiempo, Donald Trump tenía una guardada, nomás por aquello de yo soy así y así seré.
Y soltó el tuitazo como evento de inicio de campaña de reelección: ICE, la agencia encargada de aplicar la ley migratoria, emprenderá una nueva campaña de arresto y deportación de todos, así dijo Trump, todos, los indocumentados que estén en el país.
No es, por supuesto, nuevo. Una campaña similar la emprendió apenas llegado a la Presidencia y puso a temblar a millones de paisanos mexicanos.
La trumpada nos debe hacer recordar que más allá de que en últimos tiempos la crisis está focalizada en los migrantes centroamericanos y su tránsito por México, los mexicanos se siguen yendo, y aunque ciertamente no son los de otros años, seguimos siendo la nacionalidad con más arrestos en la frontera, 158 mil el año pasado, contra 244 mil de todas las demás nacionalidades.
En la medida en que el plan Ebrard tenga éxito —cosa que está por verse—, pues más se va a enfocar el señor Trump en los que ya están allá, y esos son por inmensa mayoría, mexicanos.
Es curioso, ayer Trump apenas mencionó el tema migratorio de pasada a los minutos de iniciar su discurso, la multitud en Orlando comenzó ella sola a cantar el “Build The Wall” que caracterizó la campaña pasada.
Así será.
Una corrección: Ayer escribí aquí que Ebrard no había pedido nada para los mexicanos en Estados Unidos como parte de su acuerdo. Un buen amigo me recordó leer el Plan Nacional de Desarrollo que dice a la letra: “México no insistirá más en una modificación a las leyes y normas migratorias del país vecino”, porque según se explica esas eran “prácticas intervencionistas injustificables y perniciosas” de los gobiernos neoliberales.
Pues sí. Bien Marcelo.
Mucha suerte a los más de medio millón de dreamers mexicanos, más solos que nunca.
@puigcarlos