Desde que llegó al poder, la llamada cuarta transformación ha terminado —cambiado, dirían ellos— órganos autónomos, órganos de regulación, completo el Poder Judicial, le cambió el nombre al sistema educativo mexicano e hizo nuevos libros…Y así en la mayoría de las instituciones que existían en el 2018.
En la Comisión Nacional de Derechos Humanos le bastó con un nombramiento. En poco tiempo ha terminado con un pilar que por muchos años hizo lo que tenia que hacer por las víctimas. Un nombramiento. Sencilla, fue esa “transformación”.
Lo sabemos hace un tiempo, pero la respuesta a manera de un comunicado de la CNDH al pronunciamiento de la Comisión de la ONU sobre los desaparecidos es de lo más vergonzoso que haya hecho la CNDH en estos años.
La semana pasada el gobierno, a través de la Secretaría de Relaciones Exteriores y la Secretaría de Gobernación, respondió con dureza al informe de la Comisión de la ONU. Lo comenté aquí el viernes. Esa respuesta tiene, al menos, una lógica. A ningún gobierno del mundo le gusta cuando la ONU o cualquiera organización internacional le dice cosas como las que le dijeron al Estado mexicano.
Lo de la Comisión Nacional de Derechos Humanos —de nombre, nada más— es otro asunto.
Su reacción, su comunicado, es en algunos párrafos hasta más gobiernista que la del gobierno de verdad.
Pocos párrafos reflejan mejor lo que es esta nueva CNDH como en el que desprecia a organizaciones de la sociedad civil de la que, se supone, debería ser aliada: “Hay que mencionar que el CED tomó esta decisión, basado, sobre todo, en peticiones de algunas ONG caracterizadas por su manipulación de las demandas en materia de derechos humanos en nuestro País, así como por un largo listado de colectivos de personas que legítimamente sufren por la desaparición de sus familiares”.
Para después decir que “para considerar legítima su participación en el País, debían haberse agotado primero las instancias nacionales”. Tal vez, pero una de esas instancias es la CNDH que, evidentemente, no tiene interés alguno.
La destrucción de la Comisión Nacional de Derechos Humanos con un nombramiento es uno de los más trágicos saldos de este par de sexenios y a nadie en el gobierno parece importarle demasiado.