No se equivocó la presidenta Sheinbaum cuando el lunes dijo en la mañanera: “Es muy importante que sepan que el jueves viene el secretario de Seguridad de Estados Unidos, el lunes de la próxima semana viene Sara Carter, que es la responsable para todo el tema de las drogas de Estados Unidos, y el 27 viene el responsable de la negociación del tratado aquí a México (Jamieson Greer, representante comercial). Son tres visitas muy importantes”.
Sí, muy importante.
Tenemos claro que por voluntad propia, el gobierno mexicano ha sido —seré generoso— torpe en ciertas cosas que son fundamentales en la relación bilateral más importante para el país, más allá de quiénes sean o quién los gobierne. Pasó el primer año del sexenio con un secretario de Relaciones Exteriores inexistente, desaparecido y un Embajador en Washington que nunca supimos qué era lo que hacía, más allá que no hizo lo que había que hacer. Ahora ya se va, pero el nuevo todavía no llega.
Tal vez otras decisiones hubieran permitido que no llegáramos a la situación en que la relación se encuentra hoy. A punto de comenzar las negociaciones del tratado comercial ya nos informó Marcelo Ebrard que el asunto será largo, complicado y tal vez permanente; no la mejor receta para lograr la confianza para lograr la inversión que se necesita. El partido oficial, aprovechándose de la muerte accidental de dos agentes estadunidenses, se ha puesto a hacer política doméstica contra un partido opositor y está, por supuesto, el asunto Rocha Moya y amigos.
No, no son buenos momentos, son bastante malos.
En siete días, desde este jueves hasta el próximo miércoles, la Presidenta recibirá a tres personajes clave en los asuntos que han creado el huracán.
Es importante que la Presidenta que solo habla con Donald Trump por teléfono los reciba. Por supuesto que no basta. El discurso que tanto disfruta el cuatroteísmo públicamente no sirve para esas conversaciones. Es hora de hacer política, diplomacia y negociación. Porque sin duda algo vendrán a pedir, pero de aquel lado entienden que algo tendrán que dar —como la administración Trump lo ha hecho en todos los conflictos que ellos mismos han creado.
A cambio de una cumbre presidencial, las tres visitas podrían resultar en un nuevo marco transaccional que, al menos, cambie el turbulento ambiente que hoy se vive. Solo eso haría ya a esos siete días los más importantes del año.