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Martes , 19.02.2019 / 22:14 Hoy

Los caminos no vistos

Tocado por el fuego de los dioses

Carlos Prospero

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Cuando uno descubre alguna cosa que hasta ese momento estaba oculta a los ojos de todos, siente ha sido tocado por una fuerza externa que modifica de raíz lo que uno creía hasta ese mismo instante.

En ese preciso momento que la fuerza exterior nos ha abierto lo inconsciente y de él han emergido sensaciones, emociones, visiones que sólo han tomado forma mediante el lenguaje , que, aunque pergeñadas, nos indican que hay una realidad superior a lo que ellas dicen y a la que solamente apuntan, se cree que todo viene de uno mismo, que el mundo, la vida, es producto de lo que individualmente somos.

La creencia que domina hoy lleva al hombre a considerarse el centro de todo: todo viene de él y todo termina en él.

Por ella, el hombre vive aislado, sufriendo las enfermedades generadas por este aislamiento personal que además de enceguecerlo le impide ir más allá de sí mismo.

Todo es para sí, nada para los demás. Un engaño del que se jacta y pondera sobre toda actividad humana.

Curiosamente, ese ensimismamiento que se cree hace más humano al ser humano es el que lo deshumaniza, pues un individuo solo carece de valor en el plano de la evolución.

La ideología oriental proclama que el hombre está siempre solo, apoyada en el argumento de que el hombre nace solo y muere solo.

Pero no hay hombre solo. Todo hombre es parte de un cuerpo llamado humanidad, aunque no lo admita.

El descubrimiento de algo que no estaba a la vista de todos, aunque es individual, sería imposible sin el contexto conformado por todos los seres humanos que tienen un cuestionamiento que da luz a lo descubierto.

Aclaro que la soledad no es aislamiento, pues se dice que el hombre es solo por los mismos límites espaciotemporales que lo forman, y nadie puede rebasarlos, salvo en el plano de la creencia, de lo posible, pero no de lo real.

No hay hombre sin límites, como no hay superhombres que no vivan en continua contradicción interna.

Quien desea sólo armonía, sólo placer, sólo una de las partes de la dualidad, está fuera de la realidad, bordeando los límites de la locura.

Ni siquiera el más refinado ejercicio mental o el hipnotismo le pueden eliminar de la realidad en la que se vive hasta el fin personal de sus días.

Así que un hombre tocado por esa fuerza externa que le despierta el fuego interno es un hombre lleno de contradicciones que puede manejar igual que un mago maneja las energías de la naturaleza.

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