Cultura

Sonidos para después de mañana

Uno se da cuenta que los años han pasado cuando ocurren varias circunstancias: el cuerpo empieza a dar de sí, la flexibilidad ya no es la de antes, una desvelada pasa factura durante los siguientes tres días, el sueño se hace de la vista gorda apenas comenzando la madrugada, el estómago se vuelve el rejego para recibir la cantidad de comida que usualmente empacaba el otrora tragaldabas y, como diría mi querido Leonard Cohen, duelen los lugares donde se solía jugar.

Todo eso en un drama que ocurre silenciosamente, pero la bola de años se nota también cuando las filias que por largos periodos han sido propias, declaran la guerra a todo aquello que huela a contemporáneo, por no decir actual. En esta lógica, hay quienes sostienen que en materia musical todo tiempo pasado fue mejor. Que no hay propuestas dignas de asomarse a los oídos y que lo que hoy se escucha es poco menos que prescindible.

En lo personal pienso que todo tiempo pasado fue antes y nada más. El resto son pavadas de las que adolecen quienes acusan haberse ido por el caño los mejores años de la música, cosa que, por lo demás, está por verse. Sigo creyendo que los viejos dinosaurios de este arte se nos han ido desde hace mucho y al parecer no hay quien levante la mano para tomar la estafeta.

Hablo de Bowie, Cohen, Harrison, Jackson, Mercury, pero también de quienes en atención a su edad y dilatada experiencia en el rock and roll acabarán por palmarla como todos. Elton John, Billy Joel, Phil Collins, McCartney, Dylan, Clapton, Springsteen, los Stones y compañía. Esa camada que marcó una época está por sucumbir a la lógica del tiempo y el mundo no parece estar listo para ello.

Y aunque entiendo que seres de tamaña envergadura no se dan en maceta, al menos es verdad que el show bisnes prodiga de cuando en cuando especímenes que traen consuelo a la necesidad de sonidos de buena manufactura. Pienso en Coldplay, The Weeknd, Eminem, The Killers, Pearl Jam, Morrissey, y en la lengua cervantina en Bunbury y Calamaro, pero también joyitas en proceso, como Love of lesbian, Sidecars y Leiva.

Y eso en el espectro del rock pop sin importar lo mainstream que resulte, con la sanidad que implica distanciarse de la emergencia reggaetonera y sus implicaciones sexosas e insufribles. Aunque siempre haya necesidad de acudir al relativismo cultural para dar a cada quien su sitio y abrir las fronteras a la otredad. Ojalá que el mañana, si ha de llegar, nos encuentre con oídos aguzados y forjado el temple para estar en condiciones de escuchar lo que merezca la pena. Más allá del género, la lengua y el nombre..


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Carlos Gutiérrez
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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