Cultura

Estar de humor

El poeta maldito por excelencia, Charles Baudelaire, sostenía “el primero que llegue, con tal que sepa divertir tiene derecho a hablar de sí mismo”. En el episodio Escuela de payasos, de Los Simpson, Don Vittorio, el capo de la mafia, ante la posibilidad de ajusticiar a un Krusty falso, encarnado por Homero, señala que “matar a un hombre gracioso, a un genio, sería un gran crimen”.

Charles Chaplin, en su papel más entrañable, el del vagabundo Charlot, resulta hilarante pese a su ingenuidad y lo bonachón de su perfil. Sus lances escénicos son algo de lo mejor que el cine mudo produjo a través de la comedia. Lo mismo ocurre con Groucho Marx, el truhan epítome del cinismo y la hilaridad, cuyas frases han quedado para la posteridad, tanto como las escenas en solitario o con sus hermanos.

Es Groucho quien dejó máximas como: “Estos son mis principios. Si no les gustan tengo otros”; “No piense mal de mí, señorita, mi interés en usted es puramente sexual”, “Nunca pertenecería a un club que admitiera como miembro a alguien como yo” y “Disculpen si les llamo caballeros, pero es que no los conozco muy bien”.

En la misma línea de citas citables está Woody Allen, antagonista de sus propias historias. Al neoyorquino se le recuerda en sus cintas por frases del estilo de “Para ti, soy ateo. Para Dios, la fiel oposición”; “La última vez que estuve dentro de una mujer fue visitando la Estatua de la libertad”, o “El sexo sin amor es una experiencia vacía, pero como experiencia vacía es una de las mejores”.

Pienso en esos casos y en muchos más, como Les Luthiers y sus shows más celebrados: “Todo porque rías”, “Grandes hitos”, “Les Luthiers, unen canto con humor”, o “Las obras de ayer”. Y, ya entrados en el tema, en un sospechoso común, guionista de Leslu, Roberto El Negro Fontanarrosa, con Boogie El Aceitoso, Inodoro Pereyra y su perro Mendieta, y sus cuentos varios, en especial los de fútbol (imperdible Viejo con árbol).

Y esto viene a cuento luego de la partida de un clásico para quienes en los ochenta se desternillaron de la risa con sus sempiternos chistes. El paladín del cuento alvaradeño y antecedente inmediato del standup tenochca contemporáneo, Polo Polo, dejó caer el micrófono y con él acaba una época del peculiar humor nacional.

Mediando asegunes y salvando la distancia con las ligas mayores de la materia, con la muerte de Leopoldo al cuadrado se cierra un capítulo del humor local, capaz de retratarnos en su lógica de storyteller picante. Una narrativa que se antoja necesaria para sobrevivir a tiempos de propagación de imbéciles y para reírnos de nosotros mismos y de las miserias humanas que nos acompañan.

Carlos Gutiérrez

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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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