Cultura

Corazón partío

Escribo estas líneas inspirado en la lírica del filósofo madrileño Alejandro Sanz. Aunque su origen no reside en la capital ibérica, sino en Cataluña. Han pasado más de 48 horas del papelón que hicieron los gloriosos Pumas frente al Barcelona y en el ambiente pambolero local la afrenta se sigue padeciendo y disfrutando por igual.

Los afectos al análisis deportivo se han regodeado con el tema, de hecho, desde la transmisión del partido estaba claro que la narrativa de lo evidente surtía efecto a partir de los primeros tres minutos. Como era de esperarse, los loritos de la tele terminaron rayando en la obviedad asistiendo a lugares comunes que se centraban en la superioridad catalana y el estatus de la Liga M(uy)X por la vía de los universitarios.

Y aunado al desigual desempeño, con el transcurrir de los instantes las expectativas por hacer del sueño algo posible se iban difuminando. Pero también se estrujaba ese corazón partido por la mitad de quienes mirábamos en la pantalla el evento idílico, la confrontación de las dos oncenas favoritas. Nada como ver en la grama representadas dos aficiones con similares signos identitarios.

Garra, rebeldía, espíritu, lucha contra el establishment. De ahí que resulte impreciso por absurdo irle al Madrid y Pumas o al Barca y al América, incongruencias por definición. Por eso ahí estaba uno, como viendo la lucha entre dos quereres. Sin poder siquiera festejar los numerosos goles de uno y lamentando la fallida labor del otro, comprendí perfectamente aquella vieja historia del cantante Manuel Ascanio, quien reparaba en los riesgos de tener dos amores.

Para nadie es un secreto el abismo entre uno y otro futboles, por más que se insista en que el pánico escénico apabulló a los felinos o que su preparación del partido no fue la indicada. Como tampoco se exagera en que el nivel mostrado por el equipo mexicano es el reflejo de cómo se juega al balompié en esta geografía. De hecho, tengo la impresión de que el marcador se quedó corto y que de no ser por la voz del sentido común que quizá llevó a los blaugranas a bajarle dos rayas a su avasallamiento, el oprobio habría sido mayor.

Que a nadie sorprenda el asunto. Se juega de acuerdo al sitio donde se vive. Y lo que ocurre en la cancha es resultado de decisiones tomadas por los de pantalón largo. Mismas que permean en cada una de las empresas que son los equipos y en el frustrante combinado nacional, consecuencia de los vicios arraigados en el futbolito de estufa.

Con todo, la experiencia fue, por decir lo menos, surrealista. Ver a los de azul y oro (vestir en blanco e irse en ese mismo tenor) contra los culés ha sido un acto significativo. Duro, pero aleccionador. Hoy más que nunca soy de Pumas, hoy más que nunca me duele ser de Pumas. ¡Visca el Barça i visca Catalunya!

Carlos Gutiérrez

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