En 1976, Chris Espinosa recorría con su bicimoto marca Puch un kilómetro y medio cada miércoles por la tarde; la estacionaba y se ponía a trabajar. Con solo 14 años, aún tenía que ir a la escuela y no tenía licencia de manejar. Su empleador, Apple Computer, tenía clientes que querían probar su primera computadora, y Espinosa era el encargado de hacer la demostración.
El trabajo de Espinosa ha cambiado muchas veces en los 50 años transcurridos desde entonces. Pero sigue trabajando para Apple.
Chris, de 64 años, forma parte de una raza cada vez más rara en la economía actual: personas que han pasado toda su vida trabajando para una sola empresa. Es aún más difícil encontrar a alguien como él en Silicon Valley, donde las compañías nacen y desaparecen de la noche a la mañana y los ingenieros de software, jefes de producto y otros profesionales cambian de trabajo cada dos años.
Espinosa se convirtió en el empleado número 8 de esa empresa emergente que ensamblaba computadoras a mano en la casa donde Jobs se crió.
“Era una época de grandes promesas y de gran inquietud —recuerda Espinosa—. La posibilidad de tener una gran idea, crear una empresa y luego no encontrar clientes y quebrar o no gestionar el crecimiento y quebrar era la norma”.
En medio siglo, Apple ha crecido, también ha caído y ha vuelto a crecer. Se ha desarrollado una mitología en torno a la empresa, que se ha convertido en uno de los grupos más valiosos del mundo. Jobs, quien murió en 2011, ha llegado a ser tan idolatrado que es el personaje principal de al menos dos películas, una de las cuales fue nominada a dos Oscar.
Apple vale unos 4 billones de dólares, obtiene más de 100 mil millones de ganancia al año y cuenta con 2 mil 500 millones de sus teléfonos, tabletas, ordenadores, auriculares y relojes inteligentes en uso en todo el mundo. Estos dispositivos han dado forma a las industrias de la informática y el entretenimiento. Entre su cadena de suministro y su negocio minorista, Apple ha llegado a definir cómo es ser una empresa tecnológica global.
Los primeros empleados de una empresa que ha crecido como Apple también pueden cosechar enormes beneficios financieros. Las 2 mil acciones que Wozniak le dio a Espinosa poco después de que Apple salió a la bolsa en 1980 —como parte del Plan Woz para ofrecer sus acciones a los primeros empleados— ahora valdrían casi 57 mil dólares cada una, unos 114 millones de dólares en total. Espinosa no reveló más detalles financieros.
Apple, que en 2007 eliminó la palabra “computer” de su nombre, se enfrenta a las mismas cuestiones que las empresas maduras. Es un actor político que debe tener en cuenta el impacto arancelario, el escrutinio antimonopolio y la agitación geopolítica.
El iPhone tiene casi dos décadas, por lo que se espera que su fabricante introduzca nuevos productos. Y, al igual que otros gigantes tecnológicos, está sometida a la presión de aprovechar la inteligencia artificial.
Antes de convertirse en un monstruo de la industria, Apple germinó entre los aficionados a la electrónica de Silicon Valley. Jobs, Wozniak, Espinosa y otros de sus primeros empleados asistieron al Homestead High School de Cupertino, California. Encontraron espíritus afines con los que podían pasar el tiempo y hablar de computadoras en el Homebrew Computer Club, un grupo que se reunía en Menlo Park, California.
Espinosa conoció a Jobs en la Byte Shop, una tienda de informática que tenía establecimientos en Mountain View, California, y en las ciudades de los alrededores del Área de la Bahía. Allí, Jobs reclutó a Espinosa con el fin de escribir programas informáticos para el Apple II —que se convertiría en una de las primeras computadoras personales más populares— en Basic, un lenguaje de programación que ahora está pasado de moda.
“Era muy muy divertido, porque era la época en la que la gente empezaba toda la industria desde cero”, aseguró Espinosa. En las tiendas de informática y en el software comercial “había que inventar todas estas cosas”.
En 1978, Espinosa hizo su único paréntesis en Apple, para trabajar en la Universidad de California, Berkeley. Incluso entonces, trabajaba a tiempo parcial para la empresa y se quemó las pestañas escribiendo el manual de usuario, de más de 200 páginas, para la Apple II. En 1981, Jobs convenció a Espinosa para que abandonara los estudios y volviera a tiempo completo a Apple.
Sin embargo, cuatro años después, Jobs dejó Apple tras una lucha de poder con John Sculley, su director ejecutivo de ese entonces. Durante la década siguiente, más o menos, la empresa estuvo sin timón y en caída libre financiera.
“Había muchas líneas maestras en Apple: el deseo de hacer grandes cosas, los valores —dijo Greg Joswiak, jefe de mercadotecnia de Apple, quien se incorporó en 1986 y es el que más tiempo lleva en el equipo directivo—. Pero también hubo muchas formas en las que perdimos el rumbo”.
Mientras eso ocurría, Apple despedía personal “una y otra y otra vez”, comentó Espinosa. Su jefe le dijo que se había librado porque llevaba tanto tiempo trabajando para la empresa que su indemnización sería demasiado cara.
“Me preguntaba qué iba a hacer, porque no tenía estudios universitarios y solo había trabajado en una empresa”, dijo Espinosa.
Entonces se dio cuenta: “Estaba aquí cuando encendimos las luces; más vale que me quede hasta que las apaguemos”.
Entonces llegó lo que Espinosa define como “la cúspide” para Apple: el regreso de Jobs en 1997. Los primeros 20 años de la empresa habían sido una época de “arrogancia”, aseguró Espinosa. Pero los 30 años posteriores, con la introducción del iPod y el iPhone, son los que definen la electrónica de consumo actual.
“La idea de tener una computadora en casa, o una que llevaras siempre encima, o una tuvieras amarrada a la muñeca, no solo era impensable, sino que probablemente daba miedo y era raro” en la década de 1970, dijo Espinosa.
Ahora, Chris Espinosa trabaja en el sistema operativo del Apple TV, el dispositivo de transmisión en continuo de la empresa.
Por mucho que Apple haya cambiado en los últimos 50 años, Silicon Valley también lo ha hecho. Muchas de las empresas que han surgido y desaparecido, recordó Espinosa, “han sido diseñadas por un buscavidas que se cree Steve Jobs, que quiere encontrar a su Steve Wozniak, conseguir capital riesgo, financiar una empresa no rentable y sin éxito”.
“El modelo que existe no está hecho para la estabilidad, no está hecho para hacer las cosas en interés del cliente —afirmó—. Gran parte de la tecnología consiste en buscar la próxima burbuja y salir antes de que estalle; eso no es lo que hacemos aquí”.
AH
