En la vida hay asuntos esperables, suscritas cashi-shin-querer en el campo de la demolición. Esas que, sin importar lo que se haga, acabarán saliendo mal. Hace años le escuché decir al vocalista de una banda que se preparaba para interpretar un cover de U2: “Contigo o sin ti de todas formas no la voy a hacer”.
Así funciona el destino con ciertos ámbitos de la vida. También con ciertas culturas. Y aunque se sobreentiende que la puerca va a torcer el rabo, hay como que cierto aire de ingenuidad, de insolencia estúpida, de credulidad inexplicable, que hace albergar que todo puede ocurrir.
Aristóteles señala en la Poética la preferencia por la imposibilidad de lo probable a la improbabilidad de lo posible. Es decir, la capacidad de contar algo que sin ser verdad tiene todos los elementos para creerse, a algo real que, no obstante ser técnicamente viable, cuesta trabajo ser concebido.
Quizá por eso como raza nos comemos nuestros propios imaginarios y caemos con frecuencia en el garlito de lo probable. Y aunque en el fondo sabemos que la realidad es más contundente al estar soportada por cifras, la creencia es poderosa, pues, como dicen los enterados, la esperanza suele palmar al último.
Este rollo viene a cuento luego de la ventilación de la lista final del Vasco Aguirre para el mundialito. Del escenario probable que se le viene a los Ratones Verdes y la hechura con que las cosas en este país acaban tomando forma. En este caso a la luz del deporte nacional.
Al desvelarse el secreto a voces (es lo que hay, tampoco es que sea demasiado, no da para más) con el correspondiente video, que cuenta con la astucia de Chespirito, se ha dejado en claro que el chambonismo es el recurso tenochca que surge justo cuando hay que poner algo más.
Inglaterra aludió a Lennon; España a la vox populi y hasta a “Mirey”, como dijera el impresentable Fox. Argentina a la idiosincrasia de su gente y Brasil al folclor festivo. Bueno, hasta Uruguay, Escocia, Panamá, Noruega y Ecuador hicieron el esfuerzo y entregaron algo digno.
La narrativa de los demás ayudaría para tomarla como referencia. Pero en México no se encontró nada mejor que una “producción” con voz proveniente de la inteligencia artificial. Una historia ramplona y sensiblera como recurso para salir al paso, con la marca de la casa como impronta. Un video que muestra las costuras de quienes hacen con los pies lo que deberían hacer con la cabeza.
Y aunque no va más allá del envoltorio para presentar la “sorpresa”, es claro que la forma y el fondo van de la mano. Y que no hay mucho para enorgullecerse cuando ninguna de las dos posee algo serio que contar. Desearía equivocarme, pero temo que no será así.