Política

Día del padre

Hace unos días Luis Javier (8 años) me dijo que creía que estaba cerca su muerte. Quedé pasmado, respiré unos segundos y le solté la mejor salida posible: “¿por qué crees eso?”. Respondió que porque siente que es buen niño y que había cumplido el mayor sueño de su vida al entrenar futbol en una academia profesional. Eso para él significaba una especie de meta cumplida, sentía que, al cumplir su meta, ya no había más sentido de vivir. Desde ese día he pensado lo complejo que es paternar y estar presente.

Yo no podía negar ni frenar sus pensamientos, al contrario, creo que deben potencializarse, que siguiera pensando en la muerte, que alejara ese tabú de su cabeza y lo reflexionara más, pero tampoco quería que lo viviera con miedo; su único temor era que, al morir, ya no podría ver a sus papás y a sus hermanos. Entonces le invité unas enchiladas en Don Tomasito, platicamos como dice el manual sobre sus dudas de la muerte o si algún familiar de sus amigos había muerto o alguna mascota. Y no, su inquietud era genuina. Le dije, con argumentos básicos, que le faltaban más  pasar de año, crecer, aprender álgebra, estudiar una licenciatura, enamorarse o, en su lenguaje, aspirar a ser seleccionado nacional; ahí se terminó el problema. Entendió que hay muchas metas en la vida y que ir cumpliéndolas no significa vaciar de sentido la vida, sino reinventarla.

Desde un enfoque adulto esto pareció algo sencillo u ordinario, sin embargo, para mí (33) fue un reto porque me ayudó a entender lo que me decía uno de mis mejores amigos hace unos años cuando nació Luis Javier: un hombre no trasciende por sus máximos logros u obras sino por sus hijos. No hay mayor ambición de trascendencia que esa. Según la filosofía o religión que profeses se cree que el hombre tiene una potencia a la que puede aspirar, ser más de lo que es ahora. Por eso, para mí, la paternidad es esa potencia, ese máximo que uno puede alcanzar.

Pero también he entendido que es el trabajo más difícil, no solo por tener la serenidad de atender conversaciones ontológicas, sino por el tiempo de calidad, la estabilidad emocional y el conocimiento que se requiere para construir acuerdos, enfrentar negociaciones, resolver desacuerdos, establecer límites, forjar personalidad y, quizá lo más importante, que experimenten la libertad; como lo escribió Tamuk en la carta que escribió sobre su padre al recibir el premio Nobel: “de todas las personas mi padre nunca fue la fuente de mi dolor porque me dejó libre”. Espero que, de cualquier manera, Luis Javier nunca pierda ese sentido de libertad.


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Carlos Aguirre
  • Carlos Aguirre
  • Consejero electoral del IEPC Jalisco
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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