Han pasado 70 años desde que se legalizó el derecho de las mujeres a votar, en 1953. Las primeras luchas para despenalizar el aborto surgen en 1920. Más de 100 años después, la Suprema Corte de Justicia de México lo despenaliza a nivel federal, cuando ya 12 de 32 estados de la República admiten como una opción de las mujeres, elegir. También, Morena da a conocer a Claudia Sheinbaum como su candidata a la presidencia de México, y el PRI, PAN y PRD —Frente Amplio—, destaparon a Xóchitl Gálvez en la misma dirección, hace ocho semanas. Eventos que de ninguna manera están desligados de la historia de los movimientos feministas que se dan en nuestro país, con mayor fuerza a partir de los años 70.
Les ha costado muchas batallas perdidas, asesinatos, violaciones, golpes, cárcel y discriminación social, sexual y sexista. En los 70, las madres tenían un promedio de siete hijos. Hoy, no más de dos a tres. La fuerza laboral de las mujeres creció. Las madres solteras, también. Y la profesionalización, ni se diga. El movimiento feminista se radicalizó por el alto número de asesinadas en todo el país —alrededor de 10 por día. Eso son los datos a los que seguro van a confrontar a Claudia y Xóchitl, si quieren contar con el voto de sus compatriotas, o los hombres, machos o no. Y la historia personal de cada una de ellas sin duda contará a la hora de la decisión política por la que necesariamente uno tendrá que decantarse.
No se trata de que sean políticamente correctas y se declaren solo a favor del aborto. Se trata de su historia a lo largo de este arduo proceso de lucha de las mujeres sobre este tema. Me queda claro que Claudia está más avezada en el conocimiento de esas causas, y que Xóchitl Gálvez no. Y si las feministas radicales han sido críticas con Claudia, difícilmente podrán negar que Xóchitl no es la mejor opción para la búsqueda de los asesinos de muchas de ellas.
Yo, como ya no creo en el voto secreto porque hoy todos discutimos abiertamente de política, me inclino por Claudia Sheinbaum, pase lo que pase. Cerrar filas con ella es lo único que nos salvará de los muchos Eduardos Verástegui que acechan al país. Hasta Marcelo Ebrard y su equipo deberían pensarlo, ¿o no?