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Mientras se predice su muerte, la Gran Barrera de Coral está más viva que nunca

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Los científicos marinos de Australia publicaron recientemente su informe anual sobre la Gran Barrera de Coral, y este contiene una noticia que seguramente no has escuchado: la cobertura de coral se mantuvo estable o aumentó en la mayor parte del arrecife. En los 40 años que los científicos han medido sistemáticamente el arrecife, los cinco mejores años registrados son los cinco más recientes. Es decir que no se está produciendo ninguna catástrofe.

Sin embargo, no has escuchado las buenas noticias porque el arrecife cuenta con toda una industria de relaciones públicas dedicada a predecir su inminente desaparición. En 2012, los investigadores informaron que el arrecife había perdido la mitad de sus corales desde mediados de la década de 1980 y proyectaron que la cobertura podría reducirse a la mitad nuevamente para 2022. En 2014, The Guardian publicó un obituario interactivo para el arrecife. En 2016, la revista Outside se sumó a esta opinión, declarando que el arrecife había muerto a los 25 millones de años.

Resultó que el paciente no había leído los avisos. Para 2021, la cobertura de coral era mayor que en cualquier otro momento desde que comenzaron las mediciones en 1986. Se mantuvo en niveles sin precedentes durante 2022 y 2023, y alcanzó un nuevo máximo histórico en 2024. El arrecife respondió a dos décadas de sentencias de muerte con más coral del que nadie había medido jamás.

Los científicos incluso dejaron de publicar las estadísticas para todo el arrecife, lo que dificultó que el público en general pudiera ver fácilmente que el arrecife estaba desafiando las predicciones. Sin embargo, continuaron publicando promedios regionales, lo que permitió recrear de manera efectiva su promedio para todo el arrecife, que claramente seguía aumentando.

Esto planteó un problema, que los catastrofistas resolvieron con un nuevo ritual anual: dar a conocer la cifra positiva y luego ocultarla tras una avalancha de advertencias. Cuando el coral se recuperó en 2021, el instituto de monitoreo insistió en que el panorama seguía siendo "muy malo". Cuando en 2022 se batieron récords, la BBC reconoció que la cobertura era la más alta en 36 años, pero que el arrecife era "altamente vulnerable". En 2023, con el arrecife aún cerca de máximos históricos, el informe oficial se tituló como una "pausa" en la recuperación. En el pico de 2024, los científicos declararon que al arrecife le faltaba una sola perturbación para perderlo todo. El momento de la verdad siempre estaba previsto para el año siguiente. El año siguiente seguía llegando, y también lo hacía el coral.

En 2025, los medios de comunicación decidieron que por fin había llegado la hora de la verdad. “La Gran Barrera de Coral sufre el peor declive de corales registrado", anunció la BBC. La CNN calificó al arrecife como "devastado". Lo que los titulares omitieron: la caída se produjo partiendo del nivel más alto jamás registrado, y 2025 aún se clasificó como el cuarto mejor año en cuatro décadas de mediciones. En cualquier otro campo, un cuarto mejor resultado de la historia sería un triunfo.

Los castatrofistas siguieron adelante, sin dejarse desanimar. Dos destacados biólogos marinos advirtieron recientemente que el arrecife enfrentaba un riesgo muy alto de “colapso del ecosistema”. Semanas después, ya contamos con los datos reales: los corales vuelven a crecer en el norte y el centro, y se mantienen estables en el sur, ayudado por un monzón tardío que enfrió el agua. El colapso se pospuso una vez más.

Cuando la catástrofe no llega, hay una segunda historia lista: recibir los aplausos y enviar la factura. Los gobiernos federal y de Queensland de Australia han gastado más de 5.000 millones de dólares australianos (más de 3 mil 500 millones de dólares) en programas para el arrecife desde 2014, y cuando la UNESCO se negó en julio a incluir el arrecife en su lista de sitios "en peligro" de la UNESCO, los ministros aclamaron la decisión como un reconocimiento a la gestión del arrecife de Australia, líder a nivel mundial. Se necesita mucho descaro para pasar años pronosticando la muerte de un ecosistema y luego atribuirse el mérito por su buen estado.

Las fluctuaciones del arrecife tienen poco que ver con el presupuesto de Canberra. El principal gasto que ha demostrado tener un impacto en la cobertura de coral es el destinado a combatir a la estrella de mar corona de espinas. Cuando sus poblaciones aumentan, estos depredadores consumen cantidades masivas de coral duro. La mejor estimación indica que el gasto de Australia en la eliminación de estas estrellas de mar ha generado medio punto porcentual más de cobertura de coral. Es evidente que esa no es la razón principal del repunte de entre 10 y 25 puntos porcentuales del arrecife.

La cobertura de coral disminuye cuando azotan los ciclones, las olas de calor y las estrellas de mar corona de espinas, y se recupera porque los corales ramificados de rápido crecimiento hacen lo que han hecho durante milenios. El gasto del gobierno no provoca el monzón. Y si los miles de millones realmente explicaran los años récord, ¿qué explicaría la caída de 2025? ¿Acaso el dinero dejó de funcionar por un tiempo?

Nada de esto significa que el arrecife no enfrente amenazas. Se han registrado seis episodios de blanqueamiento desde 2016. La cobertura de coral fluctúa, y es muy posible que el estudio del próximo año muestre una cifra más baja. Pero la fluctuación no es sinónimo de muerte, y un ecosistema que acaba de registrar los cinco mejores años en sus 40 años de historia no se encuentra en su lecho de muerte.

Cada agosto llega el informe, pero no llega el fin del mundo, y quienes predijeron la desaparición del arrecife siguen sin ser cuestionados. Eso debería cambiar porque la exageración no es inofensiva. El cuento del "lobo feroz" tiene un final bien conocido. A pesar de que los medios de comunicación de todo el mundo llevan años tocando a todo volumen la música fúnebre, la Gran Barrera de Coral sigue más viva que nunca.


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Bjorn Lomborg
  • Bjorn Lomborg
  • Presidente del Copenhagen Consensus Center y visiting fellow en Hoover Institution de la Universidad de Stanford. Ha sido considerado una de las 100 personas más influyentes del mundo por la revista Time, una de las 75 personas más influyentes del siglo XXI por la revista Esquire y una de las 50 personas capaces de salvar el planeta por el periódico The Guardian, del Reino Unido. Su más reciente libro en español es Falsa alarma: Por qué el pánico ante el cambio climático no salvará el planeta, que se suma a sus numerosas publicaciones, entre ellas los best seller “El ecologista escéptico” y “Cool It”.
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