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El planeta no está en llamas (y la reducción de emisiones no apagará los incendios)

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Los incendios en Francia y España han tenido consecuencias devastadoras. Más de 220,000 personas huyeron de las llamas al oeste de Burdeos. En las afueras de Madrid, los incendios arrasaron un área que duplica el tamaño de la capital y obligaron a casi 90,000 personas a abandonar sus hogares. Las personas que perdieron sus casas y sus medios de vida merecen nuestra solidaridad… y una política contra incendios mucho mejor.

Lo que no necesitan es el sermón sobre el clima que ahora acompaña a cada columna de humo. El presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, calificó los incendios como una "expresión dolorosa" del cambio climático. Los gobiernos del Reino Unido y de España se apresuraron a emitir una declaración conjunta en la que afirmaban que "el cambio climático es ahora una emergencia de seguridad nacional" que amenaza nuestro modo de vida. El veredicto ya estaba dado incluso mientras las casas ardían: solo el fin de los combustibles fósiles puede apagar las llamas.

Esto es lo que hace que la situación sea tan exasperante: el planeta está haciendo todo lo contrario a arder. Los datos satelitales muestran que, al 5 de agosto, la superficie quemada a nivel mundial en 2026 es un 42% inferior al promedio de 2012-25 para esta fecha del año, en camino de convertirse en la temporada de incendios a nivel mundial más tranquila en un siglo. Según las tendencias actuales, en 2026 podría terminar ardiendo menos del 1,5% de la superficie terrestre mundial. Una cifra muy por debajo del mínimo histórico registrado por satélite en 2022, que fue del 2,2%, y que probablemente será inferior a cualquier año desde 1900.

El cambio climático es un problema global, por lo que debe evaluarse utilizando datos globales. Señalar los terribles incendios en un rincón de un continente mientras se ignora un planeta que arde mucho menos es la definición misma de seleccionar solo lo que conviene: quedarse con las observaciones que encajan en la historia y descartar el resto.

Imagina lo contrario. Si el área quemada a nivel mundial estuviera un 42% por encima del promedio, ¿alguien aceptaría como réplica que "pero los países bálticos están tranquilos este año"? Por supuesto que no. Sin embargo, esa es precisamente la lógica que ahora se aplica en sentido contrario.

El lobby climático se ha aprovechado de una peculiaridad en los datos: en el sistema europeo de vigilancia de incendios, los datos satelitales para "Europa" incluyen a toda Rusia, contemplando Siberia y demás, por lo que un año tranquilo en Rusia puede reducir las cifras continentales. Pero, si se excluye por completo a Rusia, al 5 de agosto Europa sin Rusia solo ha quemado este año el 65% de su promedio de 2012 a 2025; en nueve de los últimos 14 años se registraron más incendios a finales de julio. La temporada en Francia es la peor de la historia y la de España es grave. Pero el hecho de que dos países estén pasando un verano terrible no significa que haya un infierno continental, y mucho menos uno planetario. Europa en su conjunto está teniendo un año con incendios por debajo del promedio.

El mismo patrón se repite por dondequiera que se mire. Hace apenas unas semanas, el pánico se centró en Canadá, cuyo humo sobre Nueva York generó los habituales titulares apocalípticos. Sin embargo, Canadá está teniendo un año con incendios por debajo del promedio, al igual que Estados Unidos. Tanto América del Norte como América del Sur en su conjunto registran los niveles más bajos de todos los tiempos según los datos satelitales. África, donde se concentra la mayor parte de los incendios del mundo, se encuentra en su nivel más bajo de la historia, un 44% por debajo de lo normal. Oceanía (principalmente Australia) se encuentra un 15% por debajo de su superficie quemada habitual en esta época, y Asia ha registrado en 2026 niveles cercanos a mínimos históricos. Todos los continentes se encuentran por debajo de lo normal, muy por debajo de lo normal o batiendo récords por lo poco que se está quemando.

¿Cómo es posible que, en un mundo en el que cada vez arden menos incendios en todos los continentes, creamos que todo el planeta está envuelto en llamas como nunca antes? Porque así nos lo dicen los medios. Los incendios devastadores llegan a la primera plana; los años con una actividad de incendios históricamente baja no son noticia en absoluto. Si solo se informa sobre los incendios y nunca sobre la ausencia de ellos, el público llegará a la conclusión lógica de que el planeta está en llamas, aunque los datos indiquen lo contrario.

El año 2026 tampoco es una casualidad. A principios del siglo XX, casi el 4% de la superficie terrestre del planeta se quemaba anualmente, aproximadamente el doble de la tasa actual. Un siglo de avances en la agricultura, la gestión de la tierra y la lucha contra los incendios ha logrado contenerlos de manera constante, porque la gente detesta el fuego y se ha vuelto muy hábil para prevenirlo. La tendencia a largo plazo de los incendios en el mundo es cada vez más baja.

Nada de esto significa que Francia y España no tengan un problema real. Lo tienen: una ola de calor sin precedentes en junio secó la vegetación, y décadas de combustible acumulado crearon un monstruo. Las soluciones son sencillas y han demostrado su eficacia: quema controlada, limpieza de combustible, normas de construcción resistentes al fuego y mayor capacidad para combatir incendios.

Lo que no servirá de nada es la receta habitual de alcanzar cero emisiones netas. Incluso si todo el mundo desarrollado lograra alcanzar cero emisiones netas para 2050, a un costo astronómico, la diferencia de temperatura para finales de siglo sería demasiado pequeña como para modificar de manera apreciable el riesgo de incendios.

Decirles a las personas asustadas que sus casas se quemaron por culpa de los combustibles fósiles, y que la salvación pasa por décadas de costosas reducciones de emisiones, no es compasión. Es hacer propaganda a favor de políticas extremadamente costosas, al tiempo que se ofrece una coartada para las fallidas acciones contra los incendios.


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Bjorn Lomborg
  • Bjorn Lomborg
  • Presidente del Copenhagen Consensus Center y visiting fellow en Hoover Institution de la Universidad de Stanford. Ha sido considerado una de las 100 personas más influyentes del mundo por la revista Time, una de las 75 personas más influyentes del siglo XXI por la revista Esquire y una de las 50 personas capaces de salvar el planeta por el periódico The Guardian, del Reino Unido. Su más reciente libro en español es Falsa alarma: Por qué el pánico ante el cambio climático no salvará el planeta, que se suma a sus numerosas publicaciones, entre ellas los best seller “El ecologista escéptico” y “Cool It”.
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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