Escribir es una actividad solitaria. La compañía natural de la labor de escribir son los gatos. Silenciosos, observadores, no piden atención cada minuto, y les gusta ese trabajo. Se recuestan en el escritorio, junto al teclado, les encanta el papel y dormir encima de cuadernos y páginas con palabras que muchas veces, no serán publicadas. Jorge Luis Borges y su amado Beppo, blanco y mimado. Los gatos de Octavio Paz que le daban mucho trabajo al tapicero porque reparaba los sillones de su oficina constantemente, parece que al ímpetu estético gatuno no le agradaba esa decoración.
El crítico literario inglés del siglo XVIII, Samuel Johnson amaba a Hodge su gato rayado, era el único que podía estar con él mientras trabajaba, lo consolaba de las consecuencias de su enfermedad, y lo inspiraba. El crítico mandaba a su sirviente a comprar ostras para Hodge, y se las merecía, porque su inspiración lo ayudó a terminar su diccionario. T,S, Eliot en sus poemas dedicados a los gatos, que inspiraron la obra de teatro musical Cats, decía que un gato debe tener tres nombres: un nombre cotidiano, un nombre elegante o extravagante y uno secreto. Es verdad, la misteriosa personalidad gatuna necesita un nombre para cada estado de ánimo.
Mark Twain estaba de acuerdo, por eso uno de sus gatos se llamaba Zoroastro, cuando no reaccionaba a ese nombre era porque estaba en sus meditaciones filosóficas. Twain tuvo varios gatos y creía que deberían estar muy bien cuidados, y además, deberían ser venerados. Camille Paglia en su libro Sexual Personae, habla de cómo su gato se recuesta en los papeles y siempre se ubica exactamente en el centro porque tiene sentido de la estética y el equilibrio.
Escribo sin compañía, mi amada Ronrris murió el 13 de diciembre del 2025. Han pasado varios meses y hasta ahora puedo escribir sobre su pérdida. Es muy difícil porque la falta de su compañía dimensiona mi soledad. Escribir, trabajar en mi estudio era parte de nuestra cotidianeidad juntas, esta casa era de ella, cada espacio lo compartía conmigo. El vacío ha sido inmenso, después de 17 años de saber que Ronrris siempre estaba aquí, que al llegar de viaje o trabajar, ella era la guardiana y el alma de esta casa y ya no está.
Los gatos, aunque son muy vulnerables, son muy valientes, se pueden alimentar y defender, si permanecen al lado de un humano es por decisión, no por interés, por eso también, un día huyen, porque no se sienten amados. Ronrris estuvo aquí y me cuidó cuando estuve enferma, cuando tuve problemas me demostró que podía ayudarme a superar los momentos más difíciles. Asimilar el poder de la muerte, y absoluta imposición es una prueba agotadora. Querida Ronrris gracias por tanto amor, por tu mirada y tu inquebrantable lealtad. La vida sin ti es más que “una cena sin vino”, hace de cada instante un abismo. Sé que me esperarás.