Política

El zángano

Juanito era un zángano. Lo había sido siempre y jamás dejaría de serlo. Juanito tenía además éxito económico: su zanganería le había permitido vivir una vida de lujos y por eso, en su mente, ser zángano era plenamente aceptable, sencillamente porque le era altamente rentable. Juanito, sin embargo, por ser astuto y zángano, desconocía lo que era la decencia, la eficacia y la eficiencia.

Evidentemente él no lo recordaba, pero su triste forma de ser se había forjado en su primer año de primaria. Mimado e irresponsable, estudiar para sus exámenes era algo que no le interesaba. Cuando llegó el periodo de pruebas, las reprobó todas con bajísimas calificaciones.

Aunque también fue reprobado, su mejor examen fue el de Ciencias Sociales, en el que obtuvo 5 sobre 10. Cuando su padre le preguntó qué podía decir al respecto, la respuesta fue tan cínica como sería el resto de su vida: “Reprobé todas, pero en la última me quedé a un punto de pasar de panzazo; ¿cuál es el problema?”

“No hay zángano sangrón”, dice un viejo refrán, y la vida de Juanito confirmaría la sabiduría del dicho. A duras penas concluyó su educación básica y la superación intelectual no era una de sus metas de vida. Su interés era tener mucho dinero, a cualquier precio. Juanito decidió inscribirse a la universidad en la que mejor se podía relacionar con la élite económica de su país. Desde el primer día, su único objetivo fue hacer amigos poderosos, que pudieran darle ese ansiado acceso a jugosos negocios. Simpático, logró integrarse a un círculo que, primero, le permitió obtener un empleo en una importante institución financiera y que, tiempo después, lo vincularía al mundo del fútbol.

Siempre con desempeños regulares, nunca brillantes, Juanito era sin embargo por todos querido, sobre todo por sus jefes, pues para los buenos momentos siempre encontraba la broma adecuada y para los malos, una excusa creíble.

Por ese extraño devenir que tiene la vida, Juanito llegó un día a convertirse en el Director de Selecciones Nacionales de su mariachero país septentrional. Como en aquel ya lejano tiempo de primaria, su paso por ese espacio sería pruebas reprobadas: derrota tras derrota para sus selecciones. Cuando llegó la última prueba, que también reprobó, alguien le preguntó qué podía decir al respecto. Avezado en los pretextos, recordó la frase que alguna vez lo había salvado y, sin dudarlo, la adaptó a la circunstancia: “estuvimos a un gol de que el fracaso no fuera fracaso”. El zángano lo había hecho de nuevo: “Reprobé todas, pero en la última me quedé a un punto de pasar de panzazo; ¿cuál es el problema?”

En la empresa como en la vida, quien no busca la excelencia, vivirá feliz en la mediocridad y, como el zángano, pensará además que lo hizo bien. Es el mordaz consejo conductual de tu Sala de Consejo semanal.

Arnulfo Valdivia Machuca

@arnulfovaldivia


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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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