En este verano, pleno de luz y color, encontramos diversas flores; entre ellas una espectacular y de buen tamaño: el girasol, que igual que muchos vacacionistas busca al sol, siguiéndolo durante todo el día.
El hecho de que esta bella flor “siga” al sol ha dado motivo a diversas leyendas como en la mitología griega, donde la ninfa del agua Clytie hija del Dios del océano se enamoró de Apolo Dios de la luz y el Sol y lo seguía como buena enamorada todos los días en su recorrido, el problema fue que Apolo no le correspondía, así que ella en su contemplación empezó a echar raíces y a convertirse en el girasol que con su corona dorada sigue al sol. Podríamos derivar muchas reflexiones de este suceso.
El color intenso del girasol y el hecho de que “siga” al sol son elementos para darle múltiples significados, desde larga vida y buena suerte para la cultura china, hasta un simbolismo espiritual que significa la búsqueda de la luz y la divinidad.
En nuestro país en la época prehispánica estas bellas flores se utilizaron en múltiples ceremonias y sus semillas eran comestibles incluso en la ilustración del Códice Ixtlilxochitl de 1580, Nezaualpiltzintli es representado sosteniendo un girasol. Los nahuas le conocían como chimalatl (escudo), o chimalxochitl como escudo de flor.
Si bien el girasol se encuentra en diversas partes del mundo, en donde se refiere su domesticación es en México, fue sujeto de un importante cultivo durante la época prehispánica como refiere el interesante trabajo de Bye y colaboradores, reportado en la revista especializada en Ciencias Químico Biológicas de la UNAM. La investigación registra a los primeros girasoles domesticados en el Códice Florentino y el uso de esta flor para ceremonias de bienvenida y ofrendas. Actualmente los girasoles cultivados son derivados de otros mejorados dentro de la misma familia de las Asteráceas.
El que el girasol se oriente al sol durante su crecimiento –heliotropismo- mirando al este al amanecer rotando durante todo el día para llegar al oeste es por sus hormonas de crecimiento. La triste noticia es que como todo ser vivo el crecimiento tiene un fin y es cuando el girasol queda fijo mirando hacia donde el sol se ocultó, hasta que muere. Quizá ante este mundo que con tanta intensidad vivimos el girasol nos invita a seguir todos los días un luminoso y estimulante propósito que nos acompañe siempre.
Arlette López Trujillo
FES Iztacala UNAM