El reciente 5 de junio, Día Mundial del Medio Ambiente, se convocó una vez más a la población para participar con decisión y compromiso en actividades tanto individuales como colectivas para proteger ambiente y biodiversidad.
Aunque es una reiterada convocatoria vuelve a ser un tema de atención y con énfasis mayor si consideramos que el lema de este año fue “Ahora por el clima”.
La pregunta es ¿cómo trabajar en lo individual para realizar acciones que puedan mitigar los efectos de la crisis climática, que ya vivimos?
Preocupan los fenómenos extremos que conocemos, como los impactantes y nocivos incendios forestales, las fuertes tormentas, la pérdida de los glaciares, entre otros fenómenos que en mucho afectan al equilibrio de los ecosistemas.
La buena noticia, es que la misma naturaleza, soporte vital del planeta, tiene muchas respuestas para recuperar los ecosistemas que solo falta observar y reconocer.
En principio, hay que partir por comprender que en el mundo natural todo funciona de manera integral y en armonía, generando ciclos que permiten el desarrollo de todas las formas de vida.
Un ejemplo lo vivimos en la cotidianía, cuando en época de lluvias reverdece el entorno, sin embargo, como parte del ciclo natural y bajo la fuerza de los vientos se caen hojas y ramas generando lo que a veces conocemos como basura o lo referimos como desecho.
Sin embargo, este aparente desecho no solo forma parte de un ciclo vital, sino que también cuenta con un valor ecológico muy importante para la salud del suelo, ya que tiene la propiedad de aislar a plantas y árboles de temperaturas extremas, también estos “desechos” se convierten en refugio para insectos, artrópodos, lombrices, siendo un espacio para el desarrollo de organismos microscópicos como bacterias, virus y hongos que además descomponen la materia orgánica, esa hojarasca y residuos también retienen agua, nutren al suelo y previenen la erosión.
La naturaleza genera sus propios mecanismos de mantenimiento y protección que lamentablemente a veces no estamos dispuestos a conocer ni comprender, la opción será siempre la educación, en particular fomentar la cultura ambiental, para que con el conocimiento adecuado se identifiquen recursos ecológicos que contribuyan al equilibrio de los ecosistemas, para no considerar basura a lo que aporta elementos para que se continúe regenerando y sosteniéndose la vida.