Visitar la casa de la abuela significa, además de la rica comida que seguramente nos comparte, también la presencia de las plantas que en macetas o en el jardín se encuentran alegrando con sus colores.
Fue por esos colores, que el término “jardín de la abuela” se empezó a utilizar desde el año 1777 para nombrar así a un diseño que, a partir de hexágonos formados por restos de telas o cortes de la ropa en reciclaje, se unían formando coloridas cubiertas de cama que por sus múltiples colores simulaba un jardín; este trabajo fundamentalmente lo llevaban a cabo en su mayoría mujeres mayores.
Ahora el “jardín de la abuela” representa una importante alternativa ante el crecimiento tan intenso de la población urbana, que genera un ambiente cada vez más distante de la naturaleza y poco saludable afectando la calidad de vida.
La Organización Mundial de la Salud sugiere 9 metros cuadrados en un área urbana por persona, pero en las grandes urbes como Ciudad de México se tienen 7.4 metros y en algunos municipios de la zona metropolitana escasamente llegan a 3.5 metros. Nuestra condición humana nos exige reconectarnos con la naturaleza, buscar espacios naturales que permitan realizar al menos caminatas de 30 minutos que acorde al Servicio Nacional de Salud Escocés reduce riesgos de salud en un promedio del 20 al 30%, entre ellos la depresión y demencia.
Otra ventaja de esta reconexión con la naturaleza es la salud mental, diversos estudios muestran incremento en la felicidad, funcionamiento cognitivo, memoria y creatividad entre otros beneficios.
Por donde veamos es necesario y saludable estar en contacto con el entorno natural, empecemos este periodo vacacional a crear un “jardín de la abuela” en nuestro propio espacio vital, formar un lugar más sustentable desde casa no es complicado y si nos damos la oportunidad de cuidar y recibir los beneficios que las plantas proveen, nos sentiremos muy satisfechos al verlas crecer sanas y hermosas.
Podríamos considerarlas “plantas de compañía” pues de siempre han formado parte de nuestra vida y son ideales para despertar el sentido de responsabilidad en las jóvenes generaciones, si los involucramos en esta creativa y estimulante actividad.
El “jardín de la abuela” representa un reencuentro con la naturaleza y la posibilidad de reconocer tanto el valor del recurso natural, como de su necesaria presencia para que la vida exista.
Arlette López Trujillo
Académica FES Iztacala