En marzo, mes dedicado a la mujer y a la niña y la mujer en la ciencia, es buen momento para conocer y reconocer a las valiosas científicas mexicanas que han contribuido al conocimiento y en consecuencia a mejorar la calidad de vida.
Uno de los factores fundamentales a considerar es el espacio que habitamos como son las zonas urbanas que tienen ventajas, pero también grandes retos. Es común escuchar las molestias que para la salud causa la contaminación del aire, el ruido, la falta de espacio para áreas de esparcimiento, el transporte tan saturado, los servicios básicos insuficientes para atender la demanda del incremento poblacional.
Ante estas circunstancias, cabe preguntarse si alguna vez alguien imaginó lo que pasaría con las grandes metrópolis si no se planeaba su crecimiento.
Pues resulta que en nuestro país en 1927 nació una niña que disfrutaba la naturaleza que rodeaba su casa y que le gustaba el baile, con el tiempo decidió al concluir su licenciatura en la UNAM dedicarse a la Geografía urbana y poblacional, revolucionado los estudios demográficos con el uso de mapas para analizar el desarrollo y distribución de la población. Ella fue la doctora María Teresa Gutiérrez de MacGregor.
Publicó en 1990 el primer Atlas Nacional de México convencida que el “hombre y la naturaleza forman una entidad indisoluble, y las características del entorno influyen en las actividades humanas y estas repercuten en el ambiente”.
Con este pensamiento escribió “La ciudad de México y la transformación del medio ambiente”, “Crecimiento de la población urbana en México 1900-2000 con énfasis en las zonas climáticas”, “La Cuenca de México y sus cambios demográfico-espaciales”. Con sus conocimientos sobre la geografía poblacional, advirtió hace 50 años que la Ciudad de México crecía en forma desordenada avizorando muchos de los problemas que actualmente se viven.
La doctora MacGregor, considerada la primera geógrafa mexicana y una de las principales figuras del pensamiento geográfico mexicano, fue muy reconocida también como catedrática, académica e incluso homenajeada con un billete de lotería el 7 de agosto del 2022.
La doctora falleció en 2017 dejando un gran ejemplo a seguir, así como su calidad humana, y la motivación que para la superación daba a sus estudiantes, en ellos y quienes la conocimos dejó una huella que merece reconocerse y compartirse a las jóvenes generaciones.