Cultura

"Un día lluvioso en Nueva York"

  • La pantalla del siglo
  • "Un día lluvioso en Nueva York"
  • Annemarie Meier

A pesar de realizar un buen número de películas en otras partes del mundo, el “caldo de cultivo” de la obra de Woody Allen son las calles, el ambiente, la luz, los personajes y la vida cultural de Nueva York.  Además del ambiente urbano, las experiencias y reflexiones personales que sirven de motor para los conflictos y el desarrollo dramático de sus historias, cada película de Allen también abona a un tema. Los filmes de Allen abordan cuestionamientos y relaciones humanos, existenciales y sociales, se centran en  medios de comunicación como la radio, el cine, el teatro, disciplinas artísticas como la música y la literatura. A Rainy Day in New York (Un día lluvioso en Nueva York) retoma y mezcla varios de los temas humanos e interpersonales del director al mismo tiempo que renueva su declaración de amor a Nueva York como metrópoli mundial, crisol de culturas y centro del espectáculo culto internacional.

Centrado en una pareja de jóvenes que experimenta la ciudad por separado, la película nos lleva por calles, parques, hoteles, bares, estudios de cine, museos y reuniones de clase alta no sólo para mostrarnos las distintas facetas de la ciudad sino las múltiples maneras de vivirla, gozarla, sufrirla y aprender de las experiencias. Durante un fin de semana los jóvenes atraviesan un proceso de aprendizaje acerca de quiénes son, qué buscan y dónde pertenecen. Ashleigh (Elle Fanning), una ambiciosa estudiante de periodismo aficionada a las celebridades, viaja de Texas a Nueva York para entrevistar a un famosos director de cine. Su novio Gatsby (Timothée Chalamet), quien fue criado y educado en Nuevo York, pretende disfrutar – y de paso apantallar a   su novia - con los espacios sociales y culturales que marcan la fama de la ciudad. La cita de Ashleigh los separa y mientras ella vive un fin de semana con encuentros y dilemas inesperados, él se reencuentra con su mundo y se descubre a sí mismo.

¿Y nosotros, los espectadores del filme? De la mano de los personajes, diálogos y sucesos narrados por Allen y la exquisita estética visual del cinefotógrafo Vittorio Storaro, descubrimos una película que observa a los jóvenes con una mezcla entre nostalgia, simpatía y burla. Nostalgia por ser joven y pasar por una época de incertidumbre, simpatía por los momentos dolorosos que llevan al aprendizaje y burla por dejarse impresionar. El filme no esconde una serie de alter egos de Allen al que reconocemos en la vocación del joven Gatsby cuando toca piano en un bar, en el personaje del director de cine inmerso en una crisis existencial y en el actor latino (Diego Luna) asediado por admiradoras y paparazzis.  Personajes, ambiente, sucesos y desenlace son caricaturizados. Sin embargo, en contubernio con Storaro, el jazz y las divertidas secuencias musicales, Allen nos atrapa de nuevo como divertido cuentacuentos, apasionado músico y realizador inteligente y reflexivo que nos comparte cómo ve y se coloca frente al mundo. Un mundo que, según dicen, pertenece a los jóvenes, aunque éstos apenas estén buscando su camino. 

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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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