Cultura

“Los colores del tiempo”

  • La pantalla del siglo
  • “Los colores del tiempo”
  • Annemarie Meier

La película francesa Los colores del tiempo (La venue de l’avenir) se estrenó hace un año en el Festival Internacional de Cine de Cannes 2025 en una sección fuera de competencia. Llegó a Guadalajara en el programa del Tour de Cine Francés el mismo año y se proyecta actualmente en la cartelera comercial y la Cineteca de Guadalajara. Su realizador y actor Cédric Klapisch es menos conocido en México que otros directores de su generación. Sin embargo, en Europa la obra de Klapisch es muy popular y el director ha sido distinguido en festivales y con varios premios César a lo mejor del cine francés. Con “Los colores del tiempo” Klapisch ha creado un filme encantador que juega de manera hábil en dos tiempos, remite al espectador a sus conocimientos y admiración por la ciudad de París, la Belle Époque y la pintura impresionista. A través de una historia de familia, el filme también reflexiona sobre la memoria y la producción de imágenes, al inicio del siglo veinte y en la actualidad.

La primera secuencia atrapa por la elegancia y contundencia con la que Klapisch presenta la historia y el tema: Un joven “creador de contenidos audiovisuales” –así se les suele llamar hoy en día– está grabando a una modelo en un museo de París frente a una pintura de la serie de Nenúfares de Claude Monet. Los tonos de azul de la pintura que cubre el ancho de la sala forman un fondo atractivo para la modelo que presenta una colección de vestidos de verano. Al revisar las tomas la modelo se da cuenta que el amarillo del vestido desentona con la pintura de Monet. ¿Un problema para el fotógrafo? Desde luego que no. La técnica digital permite cambiar el color del vestido. Sin embargo, la modelo duda y propone: ¿No sería mejor cambiar los colores de la pintura?

130 años separan la pintura de Monet de la producción de imágenes digitales y la historia de una amplia familia que hereda la casa de sus antepasados en la Normandía. En una reunión con el abogado que les explica el contenido del testamento, los 30 miembros de la familia se enteran que la casa estuvo abandonada muchos años y que necesitan ponerse de acuerdo para venderla ya que el municipio planea construir un supermercado. Los asistentes eligen una comisión que se encarga de visitar la casa e informar a los demás. La comisión –un ramillete de personalidades, profesiones e intereses – que revisa la casa, la encuentra llena de muebles, fotos, papeles, pinturas y recuerdos de sus antepasados. La película sigue sus descubrimientos como línea narrativa. Mientras que, por otro lado, desarrolla la historia de Adele, la bisabuela y abuela de varios de los familiares, cuyo retrato está en fotos y pinturas. Obvio que la película se centra en Adele como protagonista, ya que, como joven, se aventuró a un viaje a París en busca de su madre que la había dejado encargada con su abuela cuando era bebé.

Interesante que Klapisch y su coguionista Santiago Amigorena, se nutren del tema de la memoria y una pintura impresionista para mostrar cómo la investigación del pasado transforma a los miembros de la comisión familiar y se centra en el destino de la antepasada Adele, quien, al buscar a su madre, también encuentra a su padre. Los nenúfares de Monet, la comparación entre la pintura y la fotografía, la ciudad de París como tierra del arte y el amor, conforman un relato lleno de sorpresas y guiños hacia el espectador. ¿Son las imágenes de París en varias épocas realidad o cliché?, pregunta alguien en algún momento. ¡Cliché, no!, le contestan. París es y siempre será lo que es.


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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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