“La plaga” (“The Plague”), opera prima del realizador estadounidense Charlie Polinger, se estrenó en la sección “Una cierta mirada” del Festival Internacional de Cine de Cannes 2025. La película conmovió a los asistentes ya que no es, para nada, un filme más sobre el crecimiento de un adolescente que sufre acoso de sus compañeros, sino un relato basado en el estudio del proceso de crecimiento y maduración de un joven y un grupo de chicos en plena pubertad que experimentan los cambios, incertidumbres y la búsqueda de identidad que marca una época marcada por el miedo y la necesidad de pertenencia.
La película transcurre durante un campamento de verano para adolescentes que son entrenados en el deporte del Waterpolo. Una mágica primera secuencia nos mantiene por varios minutos debajo del espejo de agua donde observamos el nervioso pataleo de piernas que mantiene las cabezas de los nadadores fuera del agua. Ben (Everett Blunck), un chico recién llegado, se quiere integrar al grupo de preadolescentes donde los roles sociales ya están distribuidos. Jake ( Kayo Martin), el líder del grupo, lo trata con cierta amabilidad, aunque se mofa de su inglés con acento bostoniano. Ben se entera por el grupo que el enemigo que todos rehúyen es Eli (Kenny Ramussen), un chico solitario que sufre de una especie de dermitis que lo obliga a llevar una camiseta adentro y fuera del agua. Lo que desarrollan los sucesos del filme es la necesidad de Ben de vencer su inseguridad personal y lograr la aceptación del grupo. Al encontrar rechazo el chico tiene que aprender a resistir a la espiral con la que crece la agresividad de su entorno y sus propias incertidumbres.
La película capta el endurecimiento de la agresividad a través de la repetición de escenas de la alberca, los vestidores, el comedor y los dormitorios de los chicos que muestran cómo los conflictos crecen hasta llegar a un quiebre. El proceso que escala por los cambios y transformaciones que sufren los chicos en la pubertad: Cambios físicos, hormonales, emocionales, de voz, de estado de ánimo y conducta que el bienintencionado pero impotente instructor (Joel Edgerton) trata de frenar sin tener éxito. La agresividad escala hasta tornarse en un estado de horror imposible de parar. La búsqueda juvenil de identidad de los chicos los lleva a ensayar formas de masculinidad tóxica.
El realizador Charlie Pollinger cuenta que el filme se nutre de experiencias propias de cómo vivió su adolescencia. La sensibilidad y los detalles con la que “La plaga” describe la conducta y los diálogos de los chicos dan fe de las vivencias y preocupaciones del autor. Impresionante es la manera cómo el autor y director encontró formas narrativas y estéticas para materializarlas. El agua, el nado y el deporte del Waterpolo sirven como metáforas, el miedo y horror responden a emociones y sentimientos profundos y la banda sonora que, más que suspenso, despierta inquietud y dolor, son elementos que convierten a “La plaga” en una película impactante e universal.