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Viernes , 22.03.2019 / 07:21 Hoy

La pantalla del siglo

"Guerra fría", cine polaco que deja huella

Annemarie Meier

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Con su película Ida el realizador polaco Pawel Pawlikowski que radica en Gran Bretaña recibió en 2015 el premio Oscar a mejor película en lengua no inglesa. En la entrega de premios 2019 compite de nuevo con su filme Guerra fría (Cold War) que fue distinguida como mejor película europea por la Academia de Cine Europeo del año 2018. Realizada en Polonia en blanco y negro y formato académico en 35 mm (1.37:1), Guerra fría narra la historia de un amor pasional a través de casi veinte años de historia de Europa, las huellas de la segunda guerra mundial en capitales como Varsovia, Berlín y París, los distintos bloques políticos, migración, exilio y ambientes y géneros musicales. El espectador no sólo sigue a la pareja de amantes que no pueden vivir juntos pero tampoco separados, sino que escucha como leitmotiv, una y otra vez la tonada de la bellísima canción polaca “Dos corazones, cuatro ojos”, primero en estilo folclórico, después con la exaltación socialista, a ritmo de Jazz y finalmente con ritmo latino. La película empieza con un viaje de investigación del compositor y pianista Wiktor y su colaboradora y pareja Irene. Acompañado de un espía del partido comunista graban las voces y los instrumentos de músicos del folclor polaco como base para la formación de un ensamble de cantantes y bailarines. Wiktor, un hombre mayor, y Zula, una joven bella, rebelde y talentosa, se enamoran y a pesar del paso del tiempo, largas separaciones y desencuentros, su atracción se convierte en un destino que atraviesa fronteras, cambios de sistemas políticos, el exilio, la cárcel y el regreso a su tierra natal. En secuencias marcadas en la pantalla con lugar y año, el filme abarca de 1949, año en el que se funda el ballet folclórico polaco, hasta 1964. La pareja está de nuevo reunida en Polonia y el filme nos lleva a las mismas ruinas de una iglesia que habían dejado atrás en 1949. De manera absolutamente impresionante Pawlikowski reúne en su filme una clásica historia de amor con la observación de cómo los sucesos sociales y políticos transforman un ser humano y una relación. Fiel a la tradición del cine polaco - con directores como Wajda, Zulawski, Kieslowski - el realizador muestra de qué manera el destino humano individual está ligado a la historia de los pueblos, países y culturas. Pero no sólo los protagonistas del filme tienen que adaptarse a la dictadura estalinista y el capitalismo centroeuropeo, también cambian los estilos musicales, se transforman los valores y estilos de vida. Pawlikowski sabe de lo que habla, ya que con su madre dejó Polonia a los 14 años para exiliarse en Gran Bretaña. Su película es impresionante: Por lo que narra y cómo lo narra. Historia, música, formato y estilo fotográfico en blanco y negro se quedan grabados en la memoria del espectador que sale del cine emocionado y convencido de que “la guerra fría” no sólo remite a una época histórica sino a la vida de pareja y la cultura.



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