Apoyo con fuerza la solicitud de Martin Scorsese de no limitarse a una pantallita de teléfono móvil para ver El Irlandés (The Irishman) ya que lo concibió para la pantalla de cine. El maravilloso planosecuencia con el que abre el filme le da la razón y nos enseña una vez más que en los filmes de Scorsese no sólo importa lo que narra sino cómo crea un universo fílmico cuyo significado e interpretación derivan de la belleza y poesía estética. Imagen, movimientos, música y actuación convergen para crear un mundo imaginario absolutamente congruente que armoniza con la intención del director de impactar, fascinar y poner a pensar a su público. El irlandés empieza con una imagen pequeña que, al igual que una pintura colgada en la pared, destaca del negro de la pantalla. A través de un travelling el plano se abre y descubre los pasillos y salones de una elegante residencia para personas de la tercera edad. Después de pasar frente a hombres y mujeres sentados o caminando con andadera, se escucha la canción “I’ll remember (Recordaré)” de The Five Saintes. La cámara se detiene en la figura y el rostro de un anciano sentado en una silla de ruedas. Nos fijamos en un inmenso anillo de oro en su mano izquierda cuando su voz quebrada empieza a relatar momentos significativos de su vida y carrera criminal como hijo de migrantes irlandeses. “Cuando era joven, creía que los pintores de casas pintaban”, recuerda. “¿Qué sabía yo en aquel entonces?”, sigue diciendo, mientras menciona que procedía de una familia obrera pero ascendió al empezar a “pintar casas”. Una invitación a una boda de 1975 corta el primer planosecuencia de El irlandés con el que Scorsese introduce a un relato autobiográfico en el que Frank Sheeran (Robert De Niro) comparte con el espectador cómo fue atraído por la mafia italiana, cómo ascendió a chofer, guardaespaldas y matón – es decir “pintor y carpintero” - al servicio del padrino Russell Bufalino (Joe Pesci) y Jimmy Hoffa (Al Pacino), carismático y poderoso líder sindical cuya desaparición en 1975 se explica en el filme aunque no está legalmente aceptada. La voz de De Niro como anciano Frank Sheeran nos comparte etapas y actividades de su carrera criminal, describe viajes y diálogos como chofer de Russel y Hoffa y algunos pocos momentos de su vida personal y la relación con sus esposas e hijos. En especial con Peggy, hija de su primer matrimonio que rechazaba las actividades criminales de su padre. El carácter autobiográfico y las reflexiones del protagonista justifican plenamente la duración del filme que crea, a través de las imágenes, los diálogos, la música y la fría brevedad con la que se elimina a un enemigo, un universo y sistema criminal absolutamente permeado por el poder sin límites. El material de archivo con Hoffa frente al sindicato, los hermanos Kennedy y las armas con las que Estados Unidos pretendió invadir Cuba en la Bahía de Cochinos, apoyan la verosimilitud y actualidad del relato basado en entrevistas de Charles Brandt recogidas en el texto I Heard You Paint Houses de The New York Times. Una actualidad que, sin duda, está ligada a la situación actual de Estados Unidos ya que Scorsese, como ascendiente de migrantes y realizador comprometido, abona a la discusión acerca de la violencia, la migración, el poder de las armas y la corrupción en EUA.
"El Irlandés": Quiero recordar
- La pantalla del siglo
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Annemarie Meier
Jalisco /