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Viernes , 22.03.2019 / 13:19 Hoy

Agenda Cultural

Casa Sosa

Ángel Reyna

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Ver el amanecer en Guanajuato capital desde mi habitación en Casa Sosa, ha sido uno de los espectáculos más impresionantes en mis viajes de cultura y arte. Platicar con Erika Sosa y descubrir su amor por el barrio del Jardín de las Embajadoras y del resto de la Joya Cervantina, ha sido uno de los momentos más gratos de mis más de una docena de visitas a la ciudad de los callejones y las escaleras.

Para ser feliz por completo requiero de no mucho, una ciudad limpia, hermosa, bien cuidada, con habitantes amistosos con los visitantes y una Agenda Cultural que me entretenga y enseñe cosas nuevas, útiles.

Guanajuato me ha dado todo eso y mucho más. Mi estancia esta semana en Casa Sosa ha sido un oasis de luz, aire sano y vistas increíbles; las charlas han sido una lección de amor al terruño, Erika nos recomendó donde desayunar, comer y cenar, sólo lugares agradables y con comida típica, sabrosa y el mejor de los ambientes en el mercado de las Embajadoras y las callejuelas del centro.

Lo mejor de los días vividos ahí, fue la amabilidad de la familia Sosa y la belleza de su sitio justo frente al Jardín que se llena de flores, taquitos, gorditas rellenas de nopalitos y queso fresco los fines de semana y de un ambiente de nostalgia y provincia por las noches.

Disfrutamos del Festival Internacional de Órgano, de las callejoneadas con las Estudiantinas, de la algarabía de los turistas en la plazuela de San Fernando, de una despedida de soltera a media noche en la más hermosa plaza que se pudiera imaginar, la de Mexiamora.

Desde Las Embajadoras caminamos al centro para disfrutar de los restaurantes que tienen en común el saber tratar bien al comensal y volvimos a disfrutar el caminar por sitios insospechados como los callejones de Cabezita y Cantaritos, visitamos la restaurada iglesia de San Roque, la obligada San Diego y los museos del Pueblo, Diego Rivera y las pequeñas galerías de Positos.

También asistimos al concierto del organista Rogelio Bonilla en la impactante iglesia de la Compañía de Jesús, después visitamos la capilla del Señor del Buen Viaje en el barrio Alameda, una de las más antiguas de la ciudad, ahí confirmamos el sabor de provincia que guarda con celo Guanajuato.

Gracias a Erika por su hospitalidad, por su forma de atender al viajero en una verdadera casa guanajuatense llena de encanto y del lujo mayor que puede existir, la belleza que da el ambiente de la urbe colonial; nos sentimos en casa, una casa muy bonita, fresca y llena de detalles que invitan a regresar para quedarse ahí, un año como han hecho algunas viajeras que han disfrutado de la cocina de la familia Sosa y porque vimos en acción el ejercicio de un oficio muy bello que merece ser revalorado a partir de estas experiencias: el ser anfitrión en una de las ciudades más bellas de América.


jose.reyna@milenio.com

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