Le voy a contar la historia de Don José, un hombre de 78 años cuyas rodillas, desgastadas por una vida entera entregada a la albañilería, no son impedimento para la dignidad.
Todos los días, en punto de las siete de la mañana, José desafía al tiempo y al cansancio.
No sólo barre su banqueta; su vocación de servicio se extiende por toda la cuadra e incluso alcanza la acera de enfrente.
Mientras Torreón sucumbe ante una crisis de desechos, agravada por olas de calor que parecen castigo divino y una indiferencia ciudadana que apesta más que la basura, José se erige como el único muro de contención contra el caos en el circuito Fruticultura de la colonia Villas Universidad.
Es un ritual de resistencia: un día a la vez, el hombre limpia el mundo hasta que el sol cala fuerte. Entonces, se retira a un "cuartito" rentado a esperar que pasen las horas.
Vive de la solidaridad a cuentagotas: una caja de galletas, un billete de 50 pesos, el "taco" que la esposa del herrero le acerca para paliar la soledad.
Sin embargo, en esta ciudad que, a veces parece haber olvidado la justicia, a las personas buenas les ocurren las peores tragedias.
El jueves pasado, el destino le tendió una emboscada de bajeza. José caminaba al encuentro de su hija Lucy para recoger su alimento semanal cuando, a plena luz del día —bajo el sol que no esconde nada, pero ante el cual las autoridades cierran los ojos—, un hampón, un parásito social, lo asaltó.
Con una saña que solo conoce la cobardía, le quitó los tres mil pesos de su pensión del Bienestar —el único respiro económico de un anciano que ya le dio todo al país— y, para "acabarla", le quitó también un viejo reloj que lo acompañó durante dos décadas.
Qué paradoja tan amarga y qué "mentada de madre".
Mientras el ladrón seguramente despilfarró ese dinero en vicios banales y malbarató el reloj por 20 o 30 pesos en cualquier casa de empeño, Don José se queda con el vacío en los bolsillos y el miedo entre las canas.
¿Dónde está la vigilancia en Villas Universidad? ¿Cómo es posible que, mientras un hombre de casi 80 años se desvive por embellecer su entorno sin pedir nada a cambio, el sistema permita que un criminal le arrebate su sustento y su historia en un segundo?
Es una vergüenza que nos debería quemar a todos.