Ese 15 de septiembre del año pasado, el famoso grupo norteño El Duelo fue testigo de una aparente historia de amor que, a la postre, se convertiría en una auténtica tragedia.
Como algunos artistas lo hacen para engrandecer el espectáculo, durante aquel concierto en Saltillo, Coahuila, Fernando pidió a los organizadores subir al escenario junto con su novia, Diana Marina.
El motivo: arrodillarse y pedirle matrimonio frente a los miles de asistentes que celebraban la noche del Grito de Independencia.
Naturalmente, el público respondió con gritos, ovaciones y aplausos.
La plaza entera celebró lo que parecía el inicio de una promesa eterna de amor.
Nadie en ese momento... absolutamente nadie, se hubiera imaginado que apenas diez meses después, la historia daría un giro inesperado, dramático.
La tarde de este lunes, Diana Marina, de 41 años, fue localizada sin vida al interior de su domicilio, allá en la colonia Santa Bárbara, al oriente de la capital de Coahuila.
De acuerdo con las primeras investigaciones de la Fiscalía del Estado, Diana Marina fue brutalmente golpeada y, posteriormente, asesinada por asfixia con una cadena metálica.
Hoy, el principal sospechoso y prófugo de la justicia es Fernando, exactamente el mismo hombre que diez meses antes se había puesto de rodillas jurándole amor, protección y cuidado ante los ojos de todos.
Qué demoledor resulta contrastar las imágenes de la euforia pública con la frialdad de un expediente por feminicidio.
El hombre que simuló ser el compañero ideal sobre un escenario iluminado, resultó ser, presuntamente, el peor de los compañeros bajo la sombra de la intimidad.
Esta tragedia nos revienta en la cara para recordarnos el peligro de las apariencias y la ligereza con la que consumimos los finales felices en un video viral de redes sociales.
La muerte de Diana Marina nos deja una lección dolorosa, sangrienta y profundamente vigente sobre la naturaleza humana y la fragilidad de la confianza; recordándonos que al final del día, caras vemos, corazones no sabemos, y que detrás de la declaración de amor más espectacular y aplaudida, puede agazaparse un monstruo ataviado con piel de oveja. Justicia para Diana Marina.