Política

Ánimo Paloma

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  • Ángel Carrillo Romero

Paloma de la Vara es la primera mujer chofer —es decir, conductora de un camión de transporte público— en Gómez Palacio, Durango. 

La conozco personalmente desde hace algunos años: primero por el oficio que ejerce y por lo que su sola presencia representa en un ámbito históricamente dominado por hombres; después, por las historias que el tiempo fue revelando y que la colocan no solo como trabajadora del volante, sino como un ejemplo de humanidad cotidiana.

Paloma se levanta de madrugada para cumplir su jornada y, antes de arrancar el motor, prepara una hielera con botellas de agua que reparte entre los usuarios de su ruta, particularmente en los días de calor inclemente. 

Lo hace en un trayecto complejo, que atraviesa colonias marginadas, donde la precariedad convive con la inseguridad y la esperanza suele viajar de pie. 

En tiempos de pandemia, incluso, permitió subir a quienes no podían pagar el pasaje, convencida de que la solidaridad también puede ser un acto silencioso, sin reflectores ni aplausos.

Tristemente, volví a tener noticias de Paloma de la Vara, aunque esta vez no fueron halagadoras. 

Durante la madrugada del domingo pasado, sujetos desconocidos vandalizaron el camión que conduce. La unidad fue atacada mientras permanecía estacionada frente a su domicilio, en la colonia Leticia Herrera. 

El amanecer reveló los daños: el medallón frontal severamente afectado y el parabrisas con un impacto de gran tamaño que inutiliza la visibilidad del lado derecho del vehículo. Una pedrada, seguramente. 

Un gesto anónimo de violencia que no distingue esfuerzo ni dignidad.

Paloma interpuso la denuncia ante la Fiscalía de Durango; sin embargo, relata que poco pudieron hacer las autoridades, luego de que se ordenara el retiro de cámaras de videovigilancia particulares en la zona. 

Así, la impunidad vuelve a operar como política no escrita, y la víctima queda atrapada entre el trámite burocrático y el abandono institucional.

A esta afrenta se suma una sanción económica: el seguro con el que cuenta únicamente cubre daños a terceros, por lo que deberá reunir, por su cuenta, el dinero necesario para reponer el parabrisas que algún “gracioso” destrozó. 

No importó que durante la pandemia no cobrara el pasaje a quien no podía pagarlo; no importó que repartiera agua bajo los 40 grados del desierto lagunero; no importó que hiciera del servicio público un acto de empatía. 

Hoy, Paloma enfrenta la cara más cruda de la realidad: la indiferencia social y el egoísmo normalizado.

Este no es solo un acto de vandalismo contra un camión; es una pedrada lanzada contra la decencia, contra el esfuerzo honesto y contra quienes, aun en la adversidad, eligen no endurecer el corazón. Ánimo, Paloma. 

Que la mezquindad ajena no opaque la dignidad de tu ejemplo. Va a mejorar, aunque a veces la justicia llegue —como el parabrisas nuevo— tarde y a costa propia.


angel.carrillo@multimedios.com

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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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