Política

¿Morena es buena o mala?

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Es de película para niños: el superpoderoso jamás abusa de los que son más débiles que él.  No porque no pueda. Justamente porque puede y decide no hacerlo. El bueno no hace cosas malas. Nunca.

Nuestro Gobierno debería saberlo mejor que nadie, porque lleva años diciéndonos que ellos son los buenos. Que son distintos. Que no son como los de antes. Pero hay un inconveniente: ser bueno tiene reglas. 

El bueno no puede mentir cuando la verdad le estorba. No puede adelantar campañas si al hacerlo viola la ley. No puede tolerar la corrupción cuando aparece entre los propios. No puede proteger delincuentes solo para ganar la elección. Y, desde luego, no puede elaborar listas de periodistas incómodos para exhibirlos desde el poder. Eso sólo lo hacen los malos.

Por eso la bondad es mucho más exigente que la maldad. Por supuesto que amedrentar y estigmatizar periodistas y voces críticas funciona para hacerle la vida mucho más cómoda al Gobierno, pero eso no lo hacen los buenos. Porque ser bueno no consiste tan sólo en querer cosas buenas. Consiste en no permitir ciertas cosas malas, aunque funcionen.

Ese justamente era el problema que planteaba Maquiavelo. La política descubre muy pronto que los procedimientos moralmente condenables pueden ser extraordinariamente eficaces. Mentir funciona. Intimidar funciona. Señalar funciona. Desprestigiar al adversario funciona. El problema nunca ha sido su eficacia. El problema es en lo que uno se convierte cuando empieza a utilizarlos. 

Eso le pasó al Gobierno la semana pasada cuando la consejera jurídica de la Presidencia, Luisa María Alcalde, presentó lo que llamó “anatomía del ecosistema de amplificación digital”. El nombre ya prometía maldad: conspiración, estructura clandestina, algo oscuro por fin desenmascarado. Aunque en realidad era una lista negra de las voces incómodas al Gobierno. La lista se presentó sobre fondo negro para que se vieran más malos, presentados con una voz aguda y enfática que, por supuesto, sonaba a voz de mala. Fascismo de izquierda, aunque un poco bobo.

La consejera había descubierto que si sucede algo incómodo para el Gobierno, los periodistas lo retoman. Los políticos opinan. Otros lo comparten e incluso puede haber bots. La consejera había descubierto Twitter, X o cómo funcionan las redes. Es más, funcionan igual si sucede algo que le convenga al Gobierno. Y lo peor, uno puede compartir cualquiera de los dos y convertirse en ese instante en parte del malvado ecosistema. Estar en la misma conversación no significa estar en ninguna conspiración.

Es igual que como era antes: cuando todos veían el mismo canal en la televisión de la casa no quería decir que estuvieran coludidos, simplemente conectados.

Así que ojalá y la consejera no se angustie hoy. Esos mismos de la lista y muchos más hablarán de la visa de Andy, al igual que antes hablaron del terremoto en Colombia y los triunfos de la selección en el Mundial. Eso hacen las noticias, convenientes o inconvenientes para el Gobierno, buenas o malas: circulan y se comentan.

Finalmente, un comentario. Cuidado con la maldad. El malo que hace algo malo sólo confirma quién es. Pero el bueno que hace cosas malas nos obliga a preguntarnos quién en realidad ha sido siempre.


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Ana María Olabuenaga
  • Ana María Olabuenaga
  • Maestra en Comunicación con Mención Honorífica por la Universidad Iberoamericana y cuenta con estudios en Letras e Historia Política de México por el ITAM. Autora del libro “Linchamientos Digitales”. Actualmente cursa el Doctorado en la Universidad Iberoamericana con un seguimiento a su investigación de Maestría. / Escribe todos los lunes su columna Bala de terciopelo
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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