Si tan solo pudiera entrar en ese cerebro tuyo y entender qué es lo que te lleva a hacer estas cosas tan enloquecidas y retorcidas, dice con un desprecio que roza el odio, un Charles Boyer vestido de frac negro, cargando un abrigo negro en el brazo y un sombrero de copa negro en la mano. Su esposa, una hermosísima Ingrid Bergman vestida de blanco, con flores blancas en el pelo y un pañuelo de encaje blanco en la mano, tiene que sostenerse del poste de madera labrada de la cama victoriana para no desvanecerse por el impacto de las palabras de su esposo y ahí, perdida la mirada y perdido el espíritu, le pregunta casi sin aliento: “¿Me estás tratando de decir que estoy loca?”. En ese instante podrían reventar los violines en un dramático acorde de suspenso, mientras los timbales batientes acompañarían el título que cruza la pantalla: Gaslight.
Gaslight o Luz de gas es una película de 1944 dirigida por George Cukor, versión americana de una obra de teatro y una película inglesa del mismo nombre, que cuenta la historia de un hombre cruel y ambicioso que hace creer a su esposa que está loca. Se llama Luz de gas por las bombillas de gas de antaño, esas que Boyer enciende con un fósforo el día que llegan a la casa que les servirá de hogar: luz y sombra que él manipulará a su antojo a lo largo de la historia.
Precisamente de esta manipulación es de donde hoy viene el término usado para denominar un tipo de acoso psicológico considerado violencia de género, el cual consiste en hacer pensar a una mujer que está equivocada cuando ella sabe que lo que dice es verdad. Gaslightear es también un verbo: hacer creer a las mujeres que sus reacciones están totalmente fuera de lógica, que no tienen justificación alguna, que se equivocan, que lo que hacen es una insensatez, que no tienen la razón, que están a punto de perderla.
¿Por qué te molestas? No hay ninguna razón para que estés enojada. ¿No habrás sido tú la que lo provocaste? Algo habrás dicho. Tal vez no te acuerdas. ¿No lo habrás hecho enojar tú misma?, ¿no habrás dicho algo tú?, ¿estás segura que te violó?, ¿segura?, ¿qué tan segura estás?
Gaslightear, una agresión pasiva que, como el agua a las rocas, de tanto golpearlas sutilmente, termina por desbastarlas y devastarlas; pero esta vez no pasará.
No importa que la “luz de gas” de estas dos últimas semanas haya subido y bajado, manipulando la oscuridad por antojo; detener el paro del 9 de marzo es imposible. No estamos equivocadas, está justificado y tenemos la razón. No gasten saliva en tratar de convencernos de estar manipuladas por la derecha o por quién sea, porque más allá del insulto, en esta nadie nos puede manipular: estamos cuerdas y estamos todas. No se esmeren en tratar de convencernos que una fuerza extraña nos está usando para lastimar al gobierno y al Presidente. No menosprecien este momento; este es el tema de todas las mujeres, no el de un solo hombre. Y mucho menos intenten convencernos de no ir al paro porque “estamos felices”. La muertas no están felices y nosotras tampoco.
Gaslight: inútil. El paro es imparable, de hecho ya empezó. Inspira, motiva, alienta. Esto está cambiando. Las mujeres mexicanas somos en colectivo: juntas. Iguales y vivas.
@olabuenaga