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Lunes , 18.03.2019 / 10:17 Hoy

Columna de Amy Glover

'Brexit' y el deseo de huir

Amy Glover

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A escala global los seres humanos están cada vez más comunicados en términos tecnológicos, pero los pueblos siguen distanciados por razones de cultura, idioma y prejuicios. La globalización y los retos que enfrentamos como especie —como el cambio climático— nos obligan a interactuar y buscar consensos como nunca antes.

Al mismo tiempo, la interacción global ha generado disgusto en muchos países y ha llevado al surgimiento de movimientos populistas como el trumpismo y brexit, que buscan refugio en un llamado al pasado, lucran con el miedo, venden soluciones fáciles y culpan a las minorías y a otros países por los problemas que los afligen.

La teoría que comparten ambos movimientos es que la cooperación internacional nos está quitando soberanía, y estaríamos mucho mejor sin el andamiaje burocrático internacional que rige las relaciones entre países (tratados de libre comercio, la ONU, Bruselas, OTAN, etc.), sin inmigrantes, y sin tener que interactuar con personas de otras culturas.

Aquellos que se sienten abrumados por la complejidad de la situación global preferirían huir. ¿Pero huir a dónde?

Este jueves, los ciudadanos de Reino Unido decidirán si se quedan dentro de la Unión Europea, o bien si optan por negociar su salida del grupo de 28 países que la conforman. Enfrentan esta disyuntiva en un momento particularmente frágil.

Las economías de Europa están avanzando a un paso de tortuga, se ha generado una crisis humanitaria a raíz de los miles de refugiados que ingresan a Europa, tanto de Siria como del norte de África, y el vecino del este, Rusia, está dirigido por un hombre que vive del conflicto para justificar su existencia.

Los que promueven la idea de que Gran Bretaña debería abandonar la UE —el denominado brexit— consideran que la burocracia europea de Bruselas es ineficiente, y que el país podría marchar mejor si no tuviera que lidiar con Europa.

Grupos como Britain First culpan a Europa por la entrada de inmigrantes al país, pero no queda claro por qué creen que este problema se desvanecería si el país se sale de la Unión Europea.

Con el paso del tiempo se nos ha olvidado el gran significado de la formación de la Unión Europea.

Se construyó a partir de las cenizas de la Segunda Guerra Mundial, una catástrofe que hoy en día nos cuesta trabajo entender.

El conflicto cobró 70 millones de vidas, un monto cercano a la población total de Reino Unido hoy en día.

Este apocalipsis fue la culminación de guerras continuas que se dieron en el continente europeo durante siglos. La construcción de la UE tardó décadas en consolidarse, pero nació del deseo de construir una región unida, desarrollada y pacífica.

Sin duda alguna, la UE es el único mecanismo que ha logrado garantizar una paz duradera en Europa Occidental, en toda su historia. Así de sencillo.

En su dimensión más simplista, el brexit es un grito de desesperación para que las cosas vuelvan a "ser como antes": más sencillas y más provincianas.

Pero el mundo ha cambiado, la complejidad de nuestras vidas ha aumentado y los retos de este mundo requieren respuestas a problemas que no reconocen fronteras.

La Unión Europea es similar a la descripción que dio Winston Churchill de la democracia: es la peor forma de gobernar, con la excepción de todas las opciones que se han intentando hasta la fecha.

Si no existiera la Unión Europea, habría que inventar algo semejante para encontrar soluciones a los problemas comunes que afectan a los países europeos, dada su cercanía y la interconexión económica.

Los que apoyan la salida de Reino Unido de la UE argumentan que los contribuyentes británicos subsidian a través de sus impuestos la agricultura de Europa continental, sin recibir nada a cambio.

Sin embargo, salirse de la UE no resolvería el problema, ya que cualquier ahorro que se generaría al reducir las contribuciones a la UE se compensaría por los aranceles que impondría el resto de Europa a los productos británicos.

No solo eso, sino que los productos que importa Reino Unido se volverían mucho más caros.

El costo de abandonar el libre comercio con sus vecinos sería enorme para RU. El Fondo Monetario Internacional estima que las negociaciones de salida tardarían cerca de dos años, la economía británica entraría en recesión, y el desempleo subiría de 5 a 7 por ciento. Vaya mejoría.

Criticar el proteccionismo de Europa y la ineficiencia de la burocracia en Bruselas es válido, pero lo óptimo sería impulsar el cambio desde adentro y formar parte de la solución.

Si se salen los británicos, ¿quién les va a hacer caso después? El presidente François Hollande ya lanzó la amenaza de que RU "enfrentará consecuencias" al salir de la Unión, y otros países como Alemania tendrán fuertes incentivos para negociar con dureza.

El deseo de huir de la globalización no solamente es inútil —Marte aún no es habitable—, sino que es cobarde. Somos una especie que se distingue por el uso de la razón, así que debemos abocarnos a la difícil tarea de lograr consensos y buscar soluciones de manera conjunta.

Ojalá que los ciudadanos de Reino Unido muestren la misma valentía que mostraron en el combate contra el fascismo de Hitler, e inspiren a otras naciones a encarar de manera constructiva el diálogo internacional. Sería un gran ejemplo para Estados Unidos, su hijo pródigo, el cual también enfrentará una decisión de suma importancia en noviembre.

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