Yo no sé por qué estas cosas no se comentan a gran escala, por qué no se vuelven virales, si son importantísimas y nos afectan a todas, a todos.
El jueves pasado, Gonzalo García Hernández, Juan Luis López García y Héctor Muñoz salieron de prisión.
Ellos son tres de los cuatro protagonistas de “Duda razonable”, la famosa serie documental de Issa Guerra y Roberto Hernández que miles de personas, en el mundo entero, vimos a través de Netflix.
¿Sí se acuerda? Se estrenó el 23 de noviembre de 2021. A ellos y a Darwin Morales los metieron a la cárcel por estar en el lugar equivocado, en el momento equivocado.
El caso es que los torturaron, los acusaron de secuestro, los hicieron vivir un larguísimo infierno de irregularidades y después de haber jugado con sus vidas y con las de sus abogados, acabaron condenándolos a 50 años de encierro.
No me da miedo decirle todo esto porque tal y como ocurrió en su momento con “Presunto culpable”, este material fue un escándalo. La diferencia era, por increíble que suene, que había terminado mal.
Para no hacerle el cuento largo, Arturo Saldívar, Ministro Presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), anunció a través de la señal de JusticiaTV que ese tribunal pleno decidió atraer los asuntos relacionados a “Duda razonable”.
Resultado: el plano determinó por unanimidad conceder la protección constitucional de manera lisa y llana así como la liberación inmediata de las personas que habían sido privadas de su libertad.
¿Se da cuenta de lo que pasó aquí? Por un lado, tenemos el tema de la serie. Por el otro, el de la SCJN. Y por último, el nuestro.
Como seguramente usted sabe, esta historia se convirtió en una serie documental por un accidente del destino. No me quiero ni imaginar dónde estarían Gonzalo, Juan Luis, Héctor y Darwin si esto no se hubiera grabado.
Tal y como sucedió con “Caníbal, indignación total”, una vez más tenemos una propuesta audiovisual que consiguió algo positivo, que provocó un cambio.
Reflexione, por favor, sobre la importancia de la televisión y ahora el “streaming” más allá de la parte artística, más allá de la parte del entretenimiento.
Aquí hay un poder. Aquí hay un tema que merece respeto. Aquí hay algo que deberíamos comenzar a consumir y a comentar de otra manera.
Por si esto no fuera la suficientemente relevante, no estamos hablando ni de una película que haya tenido una distribución tradicional ni de un fenómeno de la televisión abierta. ¡Es Netflix!
Netflix ya puede presumir de estar al nivel las producciones de la Suprema Corte de Justicia de la Nación y de los contenidos que viajan por medios consolidados como JusticiaTV, Las Estrellas (Televisa) y Canal 22 (televisión pública) a la hora de los resultados.
Netflix ya puede presumir de estar cambiando vidas, de ser objeto de discusión en la corte, de ser algo más de lo que muchos piensan.
Hablemos ahora de la SCJN. ¡Qué nivel de apertura el del Ministro Presidente Saldívar que en los últimos días de su administración le está dando su lugar a esta clase de manifestaciones!
¡Qué gran momento para la justicia en México! Pero, al mismo tiempo, qué preocupación.
¿Qué hubiera pasado si esta historia jamás se hubiera contado? ¿Qué pasa con las personas que están encerradas y que jamás han sido filmadas ni por Netflix ni por nadie?
Es en este punto donde quiero que hablemos de nosotras, de nosotros. Tenemos mucho que hacer, mucho que cambiar.
Lo de Gonzalo, Juan Luis, Héctor y Darwin no fue un caso aislado. Lo que se dice en “Duda razonable” sobre los juicios orales y la impartición de justicia en México es muy serio.
Esto se está moviendo, pero no hay que rendirse, no hay que dejar de documentar nuestras historias, no hay que dejar de verlas ni de discutirlas.
Felicidades a Issa, a Roberto, al Ministro Presidente Saldívar, a Netflix y a la Suprema Corte, pero sobre todo a Gonzalo, Juan Luis, Héctor, Darwin y sus familias.
Yo no sé por qué estas cosas no se comentan a gran escala, por qué no se vuelven virales, si son importantísimas y nos afectan a todas, a todos.
Aquí la comunicación movió montañas. Aquí paso algo histórico. Por favor, ayúdeme a que trascienda. Vale la pena. ¿A poco no?
alvaro.cueva@milenio.com