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El pozo de los deseos reprimidos

Televisa, Tv Azteca, Imagen Televisión y la nueva guerra de las televisoras

Álvaro Cueva

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Siempre supe que con la llegada de Imagen Televisión íbamos a vivir una nueva guerra de las televisoras.

Pero jamás imaginé que iba a girar alrededor de algo tan nocivo como las narconovelas.

¿Por qué? Porque aquí no solo están en juego muchos millones de dólares, sino las posiciones políticas de nuestras más grandes corporaciones mediáticas y el futuro de México.

¿Qué está pasando? A lo mejor usted, que es una persona que está en otros asuntos, no se ha dado cuenta.

Pero de unas cuantas semanas para acá, los narcocontenidos se han puesto de moda en señales como Azteca 13, GalaTv, Canal 5 e Imagen Televisión.

Primero fue la repetición de La reina del sur y luego el estreno de la versión mexicana de Rosario Tijeras.

Pero ahora tenemos Pablo Escobar: el patrón del mal, Perseguidos, La viuda negra y La querida del centauro.

¿Qué fue lo que sucedió aquí? ¿Televisa y Tv Azteca reaccionaron al hecho de que Imagen Televisión anunciara que iba a sacar una narcoserie en horario familiar?

¿Imagen Televisión y Televisa respondieron al lanzamiento de una narconovela en el horario estelar de Azteca 13?

Haya sido como haya sido, esto no es como cuando Tv Azteca y Televisa competían a través de programas de espectáculos como Ventaneando y De boca en boca.

Ahora todos, sumando a Grupo Imagen, están jugando con fuego. Las narconovelas son veneno puro. Por eso la mismísima Colombia, su inventora, las cambió por las bionovelas.

Por eso aquí estaban condenadas a transmitirse en televisión de paga, en los canales menos importantes o en los horarios más restringidos.

El tema de las narcoseries no es de libertad de expresión, es de ventanas.

Como usted sabe, cada ventana tiene su poder y sus reglas.

Meter narcocontenidos en los momentos de mayor influencia de la televisión abierta nacional es como soltarle un arma a cada uno de los hombres y de las mujeres de este país con todo y permiso para usarla.

Esto que le estoy señalando no es una apreciación personal.

Está documentado por estudios que van, desde la demostración científica del poder didáctico de las telenovelas a partir de obras como las del gran Miguel Sabido hasta experiencias como las que se han vivido en otros países, pasando por cualquier cantidad de análisis universitarios.

Así, con la distribución limitada que las narconovelas han tenido en México, hay instancias que ya relacionan este tipo de emisiones con muchos de los peores conflictos sociales que estamos viviendo.

Desde el feroz apoyo de mucha gente al crimen organizado hasta el boom del embarazo adolescente pasado por cuestiones de violencia, con chicos que sueñan con volverse delincuentes y con muchachas cuya máxima aspiración en la vida es convertirse en la amante de algún capo.

Nos podemos sentar a debatir esto de aquí a la eternidad.

Para mí, a diferencia de algunas personas que están politizando este asunto, el problema de la narconovelización de la televisión abierta mexicana no es moralidad.

Es de ética y de creatividad.

¿Con qué cara nuestras grandes televisoras nos van a volver a hablar de causas y de valores después de esto que, a todas luces, está hecho para jalar rating fácil? ¿Cómo vamos a volver a creer en ellas cuando nos pidan que nos portemos bien cuando nos están enseñando a portarnos mal, a vender drogas, a matar?

Aunque al final de estas producciones se castigue a los protagonistas, la estructura dramática de las narcoseries no es como la de las telenovelas.

No hay contrapuntos a lo largo de la historia. Por tanto, por más duro que sea el castigo, lo bailado no se lo va a quitar a ninguno de esos sicarios, narcotraficantes, secuestradores y tratantes de personas.

¿Qué necesidad tenemos de proponer esto que ya es viejo en otras partes del mundo?

¡Qué necesidad tenemos de padecer esto cuando México necesita soñar, reír y crecer!

¿A qué me refiero cuando le digo que gracias a este fenómeno están en juego las posiciones política de nuestras grandes corporaciones mediáticas?

A que nadie, comenzando por el presidente, puede ver con buenos ojos estas propuestas tan perturbadoras.

Va a ser más lo que se va a perder que lo que se va a ganar.

¿Qué le trato de decir cuando le afirmo que aquí está en juego el futuro de México?

A que nos vemos en un par de años, cuando los chavos que están viendo esto, voten, cuando los niños que están mamando narco, decidan a qué se van a dedicar.

¿Ahora entiende la gravedad de esta nueva guerra de las televisoras?

Ni Laura Bozzo hubiera sido capaz de hacernos tanto daño.

Yo solo espero que no haya necesidad de que intervenga la autoridad, que los anunciantes no tengan que tomar medidas.

Yo solo espero que nuestros empresarios recapaciten y se pongan a crear la gran televisión abierta que todos necesitamos en este momento histórico tan complicado. ¿O usted qué opina?

alvaro.cueva@milenio.com

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