El estreno de hoy jueves 18 de agosto es una locura por el nivel de diversión, de espectáculo y de debate que va a generar. Estoy hablando de “She-Hulk” de Disney+.
La vi y la disfruté tal y como disfrutaba las películas, los programas de televisión y las caricaturas de superhéroes que veía cuando era niño. Ahí está la gran virtud de este concepto.
Vamos a decirnos la verdad: de un tiempo a la fecha casi todos los contenidos de superhéroes son algo así como la copia, de la copia, de la copia, de la copia.
Lo más desesperante es que se han vuelto aburridamente pretenciosos, solemnes.
Es como si las personas que se dedican a eso tuvieran una especie de complejo de inferioridad y estuvieran urgidos por competir contra lo más denso de la literatura, del cine y del teatro aniquilando la parte más bonita de este género, la que tiene que ver con la sencillez.
Ver “She-Hulk” es regresar a esa época dorada en la que los superhéroes lo único que querían era entretenernos y ya.
Cero disertaciones sobre el tiempo, los dioses, el espacio, el sentido de la vida, los multiversos y la salud mental. ¡Gracias!
No sé usted, pero yo, desde hace mucho, tenía ganas de esto, de tirarme frente a la pantalla con una buena botana y sorprenderme, emocionarme y reír.
Contrariamente a lo que muchos suponen, “She-Hulk” no es una versión femenina de “Hulk”. Pertenece al mismo universo. De hecho hay algo que los une. Pero tiene su propio peso como personaje y por la magnitud de su historia.
No le voy a contar detalles para no echarle a perder la experiencia, pero ésta es la historia de una abogada que por diferentes circunstancias del destino se termina convirtiendo en una especie de Hulk pero con diferencias muy específicas que la convierten en una superheroína todavía más atractiva.
En términos profesionales, el hecho de que She-Hulk sea abogada permite algo que no habíamos visto desde los tiempos de Matt Murdock (“Daredevil”): ver a un superhéroe defendiendo a otros superhéroes.
Y es que, con tanto golpe, explosión y sucursales anexas, por supuesto que los superhéroes estaban necesitando una abogada que los defendiera en igualdad de circunstancias, además de que esto permite que muchos de los famosos actores de las películas de MARVEL hagan actuaciones especiales a lo largo de la serie.
¿Pero sabe qué es lo mejor de “She-Hulk”? Lo afortunada que es en términos ideológicos.
No sólo estamos hablando de una mujer protagonizando una serie de superhéroes, estamos hablando de una mujer empoderada, irreverente y divertida capaz de preguntar cosas que normalmente no se preguntan en este tipo de contenidos.
¿Por qué todas las superheroínas tienen que ser bonitas, casi, casi, símbolos sexuales, por ejemplo? ¿Por qué todas tienen que poseer cuerpos perfectos sin importar el color de su piel o su nivel socioeconómico?
A esto me refería cuando le hablaba de un debate. “She-Hulk” es una serie ligera, muy ligera, pero no es tonta. Es bastante buena y tiene de protagonista a una de las mejores actrices del mundo: Tatiana Maslany.
Sí, la ganadora del Emmy por la inolvidable “Orphan Black”. Ni caso tiene que le diga que está gloriosa, perfecta. Hay todo un trabajo físico, intelectual y emocional detrás de ella. ¡Felicidades!
Pero no viene sola, viene con pura celebridad y con una producción como sólo Marvel Studios puede ofrecer.
Por lo que más quiera en la vida, relájese y dispóngase a disfrutar ya, pero ya, de “She-Hulk” en Disney+. Le va a gustar. De veras que sí.
alvaro.cueva@milenio.com