El 11 de septiembre —25 aniversario de los atentados terroristas en Nueva York— decenas de manifestantes portando banderas palestinas caminaron por avenida Masaryk, en Polanco, gritando: “Fuera los judíos de México”. En redes sociales se difundieron escenas de la marcha. ¿Las vio la presidenta Claudia Sheinbaum? ¿No se sintió aludida? ¿Es posible guardar silencio ante un suceso como este?
La primera en denunciar el hecho fue la periodista y escritora Silvia Cherem en Opinión 51. Ese día se celebraba el Rosh Hashaná, “una de las fechas más sagradas del calendario judío: el inicio de un nuevo año, un tiempo de recogimiento, oración y esperanza”. Quienes estaban en la sinagoga o sus alrededores escucharon los ruidosos ultrajes de los fanáticos.
“No gritaban contra el gobierno de Israel —escribe Silvia—. No protestaban contra una operación militar ni exigían un alto al fuego. Las consignas estaban dirigidas contra los judíos, contra ciudadanos mexicanos por el simple hecho de ser judíos. Eso tiene un nombre inequívoco: antisemitismo”.
Podrían haber protestado frente a la embajada de Israel contra los criminales Benjamín Netanyahu e Itamar Ben-Gvir, quien ha incitado a los soldados israelíes a matar entre 30 y 40 palestinos cada noche en la Franja de Gaza: “Hay gente allí que no merece vivir. No deberían vivir. Ni siquiera son personas”, dijo en agosto en un podcast. Pero no, su blanco fue una sinagoga y los judíos mexicanos reunidos en ella.
No es la única agresión contra ellos. En su columna de El Universal Guillermo Sheridan cuenta cómo un “gordito sulfúrico llamado Christian Nader” (¿habrá leído alguna vez al palestino Edward W. Said o al judío Amos Oz?) agrede con alevosía a Margo Glantz, la entrañable autora, entre muchos otros libros, de Las genealogías, a quien acusa de sionista radical en el programa de YouTube Retrovisor, “producido y difundido por ‘Chamuco Media’, una empresa privada de comunicación al servicio de la 4T que recibe patrocinio oficial del gobierno. Nuestros impuestos como pogrom progre”.
Pero así andamos, pavimentando peligrosamente el camino del odio.
Queridos cinco lectores, El Santo Oficio los colma de bendiciones. El Señor esté con ustedes. Amén.