Si usted pensaba que toda esta revolución en materia de creación y distribución de contenidos que estamos viviendo solo le estaba pegando a la televisión abierta, le tengo noticias:
Es un problema incluso para las plataformas más avanzadas del mercado como Netflix.¿Cuál es la bronca de esto? Que cuando lleguen Apple y Disney van a arrasar con el negocio, porque no van a tener que pagar novatada y para muestra basta un botón: The OA.
The OA es una de las series más emblemáticas de Netflix y su segunda temporada apenas se estrenó en ese sistema de distribución de contenidos en línea.
¿Cuál es la nota? Que jamás se debió haber hecho una segunda temporada ni de The OA ni de muchas otras producciones de Netflix.
Estos señores, en una suerte de ambición mal entendida, están cometiendo los mismos errores de decenas de televisoras nacionales e internacionales.
The OA, como Sense8, 13 Reasons Why y muchos otros proyectos de lo que vamos a llamar la segunda tanda de producciones originales de esa empresa (la primera fue la de títulos como House of Cards y Orange is the New Black), nació en un momento donde todavía había muchas cosas por definir en esa parte de la industria de la televisión.
Cuando llegaron a los escritorios de los ejecutivos de Netflix, llegaron como miniseries, como series de una sola temporada.
Sus historias, particularmente caras, ambiciosas, diferentes, plagadas de mensajes sociales y opuestas a cualquier esquema comercial, contaban asuntos que comenzaban y acababan ahí.
No eran sagas, no había posibilidad de extenderlas. ¿Y qué hicieron tanto Netflix como las casas productoras encargadas de la realización de estos contenidos? Se emocionaron por el impacto a nivel opinión pública y de la nada se sacaron otra u otras temporadas y usted ya vio cómo le fue tanto a Sense8 como a 13 Reasons Why.
Lo que está pasando ahora con The OA es lo mismo. ¡Qué ganas de arruinar un concepto tan hermoso! The OA, temporada uno, es una serie que, jugando con la fantasía, le da un mensaje precioso a las nuevas generaciones sobre la vida, la muerte y el combate a esas masacres tan espantosas que se han vivido en escuelas de Estados Unidos y Monterrey.
Bueno, ahora, The OA (2) es otra cosa. El mensaje social desapareció, lo de la vida y la muerte se transformó en una alucinación sobre el tiempo, el espacio, la reencarnación y el viaje entre diferentes dimensiones, y el final es una catástrofe. ¿Por qué? Porque no termina en nada. Deja todo estratégicamente abierto para que los pobres fanáticos de este drama se vean obligados a chutarse una temporada tres con la ilusión de cerrar aquello. Ojo: no estoy diciendo que los nuevos capítulos de The OA sean una porquería ni que las personas que participaron en ellos carezcan de talento.
Estoy diciendo que la ambición hizo pedazos todo lo positivo que había ahí y que, por errores como éste, cuando llegue la verdadera gran competencia de Netflix a nuestro país, las cosas se podrían poner muy feas para esta marca que, como Televisa, jamás tuvo la necesidad de competir. No todas las series tienen que durar muchas temporadas. A veces, menos es más. ¿O usted qué opina?
alvaro.cueva@milenio.com