Entre más veo Vencer el pasado, más la admiro. ¿Sí se da cuenta de que se trata de una telenovela tradicional mexicana pero, al mismo tiempo, de un proyecto revolucionario?
No me he perdido ni una escena y no quepo en mí de la estructura dramática de cada uno de los capítulos ni de la complejidad de cada uno de los personajes.
En esta producción de Rosy Ocampo, cada episodio, en lugar de arrancar como arrancan todas las telenovelas, recordando el final del día anterior, la acción siempre inicia con algo que ocurrió en el pasado.
Que si cuando Carmen (Érika Buenfil) era estudiante en los años 80, que si cuando Mauro (Sebastián Rulli) trató de impedir el accidente que ocasionó su tragedia familiar…
Inmediatamente después la telenovela se va por donde se tiene que ir, retomamos lo que sucedió en el capítulo anterior, pero esos “recuerdos” valen oro.
¿Por qué? Primero, porque son los que le dan sentido al título de este concepto: Vencer el pasado. Cuando vemos lo que hay detrás de cada personaje, entendemos que todos tienen un pasado qué vencer.
Segundo, porque eso construye vínculos con el público. ¿Acaso a usted, como a esas personas, no le sucedió algo en el pasado que lo marcó, algo que necesita vencer?
Y tercero, estas secuencias catapultan a los personajes ayudándonos a entender su verdadera dimensión.
Amo esta telenovela porque siento que, sin dejar de ser una telenovela, tiene personajes que van más allá de las reglas del melodrama.
En Vencer el pasado, como en la vida misma, nadie es 100 por ciento bueno ni 100 por ciento malo.
Fabiola (África Zavala), por ejemplo, podría ser la villana más monstruosa del universo por la forma tan grosera como trata a algunas personas.
Pero cuando uno observa lo que hay detrás de su carácter entiende que, en realidad, como muchas personas, es una mujer que sufre.
Danna (Ana Paula Martínez), la hija de Carmen, es la chica más odiosa del universo.
¿Pero qué pasa? Que cuando uno mira su contexto, no hay manera de que no sienta lástima por ella.
Yo aquí podría estar aquí todo el día hablando personaje por personaje, trama por trama.
Se me hace muy interesante el caso de esta telenovela porque, por si todo lo que le acabo de decir no fuera suficiente, es un cañonazo de rating.
Las audiencias están reaccionando increíblemente bien a Vencer el pasado porque además de encontrar orientación social en sus capítulos, están encontrando verdad.
La verdad que nuestras abuelas encontraban en clásicos como Gutierritos, Rina o Mamá Campanita y que, por la evolución que todos hemos tenido con el paso de los años, hace mucho que no se veía.
Así como nuestros ancestros decían: tu tía es como Rosa (María Teresa Rivas en Gutierritos), mi jefe es como don Leopoldo (Carlos Ancira en Rina) o yo haría lo mismo que Carmen (Silvia Derbez en Mamá Campanita), ¿qué está pasando con Vencer el pasado?
Que cada día aparecen más personas diciendo: a mí me pasó lo mismo que a Renata (Angelique Boyer), mi mamá es como Brenda (Gabriela Rivero) o mi prima se parece a Mariluz (Arantza Ruiz).
¿Cuál es la nota? Que esto ya se actualizó, que una vez más los espectadores se están identificando con lo que están viendo, que “Vencer el pasado” confirma la vigencia, la belleza y la trascendencia de las telenovelas mexicanas.
¡Felicidades a Rosy Ocampo, a su productora asociada, a sus escritores, directores, actores y a todos los involucrados en este proyecto!
Vencer el pasado está consiguiendo que la telenovela como género, como formato, también venza su pasado y eso merece el más grandes de los reconocimientos. ¡Bravo! ¡Bravo! ¡Bravísimo!
alvaro.cueva@milenio.com