Los antecedentes son relevantes, porque de ellos se deriva buena parte de la explicación de lo que sucedió el miércoles en el Senado. Un grupo de partidos, bajo la simbólica denominación de 4T, discute y vota una reforma que antes fue negociada por ellos mismos con la Presidenta. Ya antes le echaron abajo el plan A, uno que traía como encargo de su antecesor. Ella corrige y lanza uno nuevo, con aportaciones propias, con el supuesto teórico de que esas tres fuerzas que la acompañan tienen los números suficientes para lograrlo.
Ya frustrado el primer intento, porque justamente dos de sus tres “aliados”, partidos Verde y del Trabajo, se negaron a arriesgar sus jugosas ganancias obtenidas por medio de vender caro su amor, as usual, ahora uno de ellos, el PT, ha decidido apoyar el plan B, pero sin un punto que la gobernante había defendido, adelantar la revocación de mandato para empatarla con la elección federal de 2027. Ante toda esta revuelta de los “amigos” de aventura electoral, Morena se ha limitado a consentirlos con discursitos de que la alianza es más fuerte que nunca.
Fuera máscaras: Morena, PT y Verde han dejado sola a Claudia Sheinbaum. Se ha quedado sola.
Hablábamos de los antecedentes al principio. Sheinbaum llegó con un gabinete que hiede a lopezobradorismo. Tuvo que cargar con el acuerdo corcholatero de que todos los aspirantes iban a recibir premio. Todos enemigos en tanto contendientes por la candidatura. Fue así como heredó a Marcelo Ebrard en Economía, a Adán Augusto López al frente de Morena en el Senado, a Ricardo Monreal liderando en la Cámara de Diputados, a Gerardo Fernández Noroña como presidente de la Cámara Alta, donde Manuel Velasco se ha sumado al boicot contra ella. ¿Cómo maniobrar así?
La debilidad política de la Presidenta es inocultable. Su soledad, no se diga. Los acuerdos inconfesables con AMLO no le permiten deshacerse de toda esa gente que juega en su contra. Además de consentir su continuidad, no se atreve a cuestionarlos en público. En los casos de PT y Verde, hasta disculpa su rebelión. Pero la peor traición no es de esos partidos, proclives a prostituirse.
La peor traición es la de Morena, que ha dejado sola a la Presidenta. A su Presidenta.