Con la frialdad de los números oficiales, para ponerlo en argot deportivo, el tema del secuestro no solo sigue siendo un pendiente, sino que va en aumento. Ese delito tuvo una espiral desde 2015, en años del gobierno de Enrique Peña Nieto, hasta 2019, ya con AMLO a cargo, pues pasó de 218 víctimas a un pico de 755.
Siempre con base en las cifras del Secretariado Ejecutivo y comparando el periodo enero-mayo, a partir de 2020 hubo una baja de casi 40 por ciento, en la época más oscura de la pandemia, y mantuvo esa tendencia durante 2021 y 2022, pero este año se ha disparado el número de casos a 420, con un repunte de 17 por ciento respecto al año anterior.
Y mire usted: Ciudad de México es la entidad con más secuestros este año, con 45, lo que representa una subida de 181 por ciento en comparación con el pasado, en el que hubo reporte de apenas 16 en los primeros cinco meses del año. Un estado con un alza notable es Tamaulipas, donde pasaron de ocho a 14 plagios, a diferencia de otros donde la baja es evidente, como Veracruz, con 80 por ciento menos casos, y Michoacán con 62 por ciento.
Ya en términos de medición de lo que va del sexenio, por ejemplo, siete de cada 10 secuestros ocurren en un tercio del país, en 10 entidades, con Estado de México a la cabeza con mil 602, seguido de Veracruz con mil 280, Tamaulipas con mil 74 y Ciudad de México con 855. La lista se complementa con Tabasco, Guerrero, Morelos, Puebla, Zacatecas y Michoacán, con cifras de entre 500 y 313.
Ante este panorama poco halagüeño que contrasta con el optimismo de la burocracia, resulta desconcertante haber visto a mandos de seguridad en fechas recientes en tareas políticas antes que de su encargo, como Ricardo Mejía, ex subsecretario y fallido candidato en Coahuila, y Rosa Icela Rodríguez, titular del área, sondeando sus posibilidades para gobernar la capital.
Peor aún: con el lío del secuestro como está, ¿por qué ahora la Coordinación Nacional Antisecuestros mandó a la banca a 127 de sus cuadros más experimentados, entre comisarios, inspectores y oficiales? ¿Los mandarán a vigilar un cárcamo en Texcoco, como a los captores de un gran capo, para que se vayan humillados como otros ex policías federales?