Antón Semiónovich Makárenko fue uno de los pedagogos soviéticos más reconocidos y sobresalientes. Recupero algunos datos del esbozo biográfico que hace Kumarin (1975) en el libro “Antón Makárenko, su vida y labor pedagógica”.
Makárenko nació en la provincia de Járkov, Ucrania el 13 de marzo de 1888. Impulsado siempre en una doctrina socialista y con pensamiento de colectividad, recuerda que al ingresar a la escuela su padre le dijo estas palabras “Las escuelas urbanas no las han hecho para nosotros, así es que, demuéstrales lo que vales. ¡Si traes un notable ... mejor es no aparezcas! Solo sobresalientes. ¿Entiendes ?”. Palabras que hacían alusión a siempre mirar por los más vulnerables y a no decaer hasta lograr lo mejor.
Con este pensamiento y posicionamiento Makárenko ingresó a la docencia a los 17 años como maestro de una escuela ferroviaria primaria y “enseñaba estupendamente. Teniendo muchos conocimientos, sabía transmitirlos con maestría, enseñaba a pensar y a razonar”.
En su proceso formativo, Makárenko descubrió con evidencia implacable que para trabajar exitosamente en la escuela no solo hacía falta enseñar, sino también saber educar, saber ver la originalidad de cada discípulo, tener en cuenta sus particularidades individuales. En este tiempo de su desarrollo formativo la revolución de 1905 retumbo como un eco temible en todos los rincones de Rusia, excitando a las mentes, despertando la conciencia y llamando a la lucha contra la autocracia zarista, el enemigo eterno de los pueblos de Rusia. Makárenko se formó en círculos de intelectualidad y estaba suscrito a un periódico bolchevique (movimiento revolucionario).
Más adelante, en 1911 le asignan un nuevo cargo: inspector. Entonces inspector significaba observar, preceptuar, dirigir. Makárenko se habituó pronto a estas nuevas obligaciones pero les dio un sentido creador e interesante. Su arma principal era la insuperable compaginación maestra de lo cognoscitivo con lo emocional. Uno de sus recursos era mostrar la realidad social a través del teatro y los cuentos escenificados.
En 1914, inicia su formación para maestro de segunda enseñanza. Empezó en el acto a estudiar profunda y sistemáticamente la pedagogía y la literatura histórica y filosófica.
En septiembre de 1920 propusieron a Makárenko dirigir una colonia para delincuentes menores, recién formada, a lo que él accedió en el acto. En esta colonia aprendió que debería organizarse la vida de tal manera que los propios colonos fueran los que respondieran por todo: por los bienes inmuebles, por el plan de producción, por la distribución de los ingresos, por el orden y la disciplina.
Ellos mismos deberían educarse unos a otros: exigir, subordinarse, respetarse, merecer la estima, preocuparse y ayudarse mutuamente. Y, lo último, la colonia no es una suma mecánica de individuos, sino que es un complejo social único, de la pertenencia al cual se enorgullecen en igual medida tanto los educandos como los educadores, es lo que se llama colectividad.
Makárenko advertía cinco problemas de la ciencia pedagógica. 1) Creación de un método científico de investigación pedagógica. 2) Acentuar la atención para con Ia colectividad infantil como un todo orgánico. Para ello se precisa reestructurar toda la psicología del trabajador escolar. 3) Renunciar por completo a la idea de que para una buena escuela se necesitan, en primer lugar buenos métodos dentro de la clase. Lo que ante todo se precisa para una buena escuela es un sistema científicamente organizado de todas las influencias. 4) La psicología no debe ser el fundamento de Ia pedagogía, sino la continuación de ella en el proceso de realización de la ley pedagógica. 5) La escuela rusa de trabajo debe reestructurarse totalmente, puesto que, actualmente, por su idea, es burguesa. El fundamento de la escuela rusa no debe hacerse la ocupación-trabajo, sino el trabajo-preocupación. Solo la organización de Ia escuela como una economía la hará socialista.
El 1 de abril de 1939, viniendo en el ferrocarril suburbano de Golitsino a Moscú, Anton Semiónovich Makárenko falleció repentinamente en el vagón de un ataque cardiaco.
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