Uno de los dispositivos recurrentes planteados por la política educativa ha sido el funcionamiento del Consejo Técnico en las escuelas. Las recomendaciones operativas (¿o disposiciones?) parten del supuesto de que en las escuelas los docentes y director transitan en ambientes de colaboración y armonía, desconociendo en gran parte los procesos de micropolítica cotidiana que se viven. Construir la colectividad entonces, se constituye en un asunto pocas veces atendido y el cual se advierte como punto de partida para dar mayor sentido y significado al trabajo del Consejo Técnico.
Construir la colectividad se visualiza como un espacio de desarrollo profesional de los maestros. Un espacio que trasciende la reflexión individual y la dependencia de “expertos externos”. Es un espacio de oportunidad para compartir pensamientos y construir pensamientos comunes. Aprender unos de otros y generar compromisos compartidos. La colectividad construida “desde la escuela” permite configurar una visión de mejora escolar más sólida.
Construir colectividad implica un mejor posicionamiento pedagógico-político para reflexionar y cuestionar los cambios propuestos desde el exterior y evita, sin lugar a dudas, el estancamiento del pensamiento y la espera pasiva (casi inconsciente) de las directrices sobre lo que hay que pensar y hacer.
Para construir colectividad es necesario que los docentes tengan claridad en lo que significa la docencia. La docencia percibida no como una acumulación de técnicas de enseñanza sino en su esencia moral y ética, en la posibilidad de generar y compartir conocimiento para construir ciudadanía. La docencia como un dispositivo para “hacer escuela”, parafraseando a Elsie Rockwell (2007). Tener claridad sobre la docencia, se convierte entonces en un imperativo para reconocer el contexto sociohistórico de acción de la práctica y orientar el sentido formativo de los alumnos hacia una pertinencia social. Construir colectividad implica abandonar la actitud individualista. Erradicar el individualismo se ha convertido en uno de los objetivos de toda reforma educativa toda vez que es uno de los pilares que caracteriza la cultura de la enseñanza. El individualismo se expresa en un aislamiento en el aula que aleja a los docentes de la interlocución y la valoración externa de su práctica. Los docentes entonces se refugian en una falsa “autonomía” que impide los procesos evaluativos y la crítica de la relación educativa que establecen con sus alumnos.
Construir colectividad requiere de tener valores y creencias comunes sobre educación, enseñanza, aprendizaje, currículum, práctica docente, escuela, sociedad, entre otras nociones. Además, en este proceso constructivo es pertinente promover y proteger la individualidad. La protección de su individualidad y su discreción de juicio es también la defensa de su derecho a estar en desacuerdo y a reflexionar críticamente sobre el valor y la conveniencia del objeto de la colaboración que les solicitan (Hargreaves, 1996). En la construcción de la colectividad es necesario tener presente la actitud espontanea de los maestros a la colaboración y tener en cuenta que las acciones no deben ser limitadas o impuestas por la autoridad administrativa sino generarse a partir de la voluntad de los participantes.
torresama@yahoo.com.mx