Chetan Khatik, Sudarshan Chandel y Radheyshyam Khatik, tres amigos de la India, viajaban en motocicleta rumbo a una boda. Era 2018 y estaban llenos de alegría. En el camino vieron el lago Guri Dam Kund y decidieron bañarse. Para guardar el momento, uno colocó su celular sobre una roca y lo dejó grabando. Ninguno nadaba bien y desconocían la gran profundidad bajo las aguas calmas. Al inicio del video se arrojan agua entre risas; de pronto pierden piso y luchan por llegar a la orilla, que está a solo unos metros. Sus esfuerzos son inútiles. Un minuto y medio después, los tres murieron ahogados. Sus cuerpos fueron rescatados por pobladores locales.
Cuántas veces caminamos por la vida despreocupados, creyendo que todo marcha bien y que lo controlamos todo. De repente, las cosas se salen de curso: el matrimonio que parecía esplendoroso hoy está al borde del naufragio o ya se hundió. Tal vez el doctor te dio un diagnóstico inesperado. Recibiste una llamada que te derrumbó; nunca imaginaste la partida de ese ser amado y tu corazón quedó traspasado de dolor.
Sin importar cuán exitoso, famoso, poderoso, influyente, culto o rico seas, nadie está exento de tragedias. Es solo cuestión de tiempo para que la burbuja en la que nos sentimos seguros estalle. Cuando lo inesperado golpea, aun rodeados de amigos y familia, podemos sentir una profunda soledad y desesperanza. Dios no promete una vida sin sufrimiento, pues vivimos en un mundo caído y todos estamos rotos. Lo que sí ofrece, si se lo permitimos, es estar con nosotros y en nosotros hasta nuestro último aliento.
Jesús está a tu alcance por la fe en Él y su obra en la cruz. No es un asunto religioso, sino relacional: “Él, Jesús, es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación” (Colosenses 1:15).
Sea cual sea tu condición o circunstancia, puedes acudir a Él, porque te conoce, te ama y tiene misericordia de ti. Ni la enfermedad, ni la muerte, ni el pecado, ni las tragedias fueron parte de su plan original; por eso no existen en el Cielo. El problema es el pecado de cada uno.
Cristo, y solo Cristo, puede y quiere perdonarte, salvarte, transformarte, consolarte y darte nueva vida. Con Él no hay solo esperanza, sino certeza. Da un paso de fe, derrama tu corazón ante Él y pídele que venga a morar en ti.